RAFAEL MARTÍNEZ NESTARES
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Gabriel García Márquez, premio nobel de Literatura (1982), premio Rómulo Gallegos (1972)… e innumerablemente galardonado por las academias a lo largo y ancho del mundo, aprovechó estos días santos para tomar su casaca y marcharse de este mundo a la presencia del Supremo –del verdadero supremo, Dios. Su prosa, nos ha dejado una huella imborrable en la mente y el corazón de los latinoamericanos pues, los escritores no mueren para siempre, simplemente parten al lugar de donde surgió su creación, lo eterno. Desde ese mágico mundo, sacan cuanto se les ocurre y buscan re-crearnos la realidad circundante como algo nuevo.

Vivimos en una Latinoamérica que transita por momentos inusitados de su historia. Estamos frente a la posibilidad de constituirnos en un grande y poderoso bloque económico-social, de desarrollo y progreso, o simplemente tornarnos en una mofa de nosotros mismos. Depende de cada gobierno, de cada nación, de cada pueblo. Pero no como una abstracción teórica de “gobierno”, “nación” o “pueblo” sino como reales actores sociales y políticos capaces de interpretar el momento en que estamos y usar de éste en beneficio de nuestras potencialidades histórico-concretas.

No vivimos un realismo mágico. Aunque a veces, las contradicciones de los modelos político-económicos, los regímenes de gobierno y las declaraciones de nuestros gobernantes pareciera que hacen realidad páginas literarias que construyeron gigantes de las letras como el Gabo.

Venezuela es posible. Para llegar a ella no hacen falta tres días, ni dos para salir, como en el Macondo de la obra del ilustre colombiano, García Márquez. Nuestra patria ha sido y es un lugar de luchas, de sinsabores, encuentros y desencuentros… Junto al diálogo MUD/Gobierno, se reúne el régimen con empresarios y comerciantes opositores a fin de paliar la crisis económica que se viene encima y que no ha sido atendida pues es producto de la desacertada conducción por parte del ministerio de Economía, Finanzas y Banca Pública, en particular y del aparato estatal en general. Alta inflación, desabastecimiento y pérdida del poder adquisitivo de nuestro signo monetario respecto a las divisas extranjeras vienen mostrando un panorama que no será resuelto con el mero diálogo, sin rectificaciones en el plano económico-social y su respectivo costo político para el presidente Maduro.

El incremento de las tarifas de transporte en dos tramos, más las protestas y los detenidos estudiantiles va a agravar las luchas y, consolidarlas, justificándolas plenamente. El incremento del pasaje, junto al posible aumento del precio del combustible –que debe venir en camino- no se resuelve con la negociación trasnochada de unos ministros con 15 años de gobierno que pretenden entablar “precios justos” con las ensambladoras para los vehículos fabricados en el país, junto a sus piezas y partes. Es como decía en párrafos anteriores el “realismo mágico” de la acción del régimen, lamentablemente.
Este diálogo tiene un fin: la rectificación. Sin enmienda de la acción pública será imposible un futuro “apacible” para la patria. El diálogo tiene una meta: la reconciliación y el perdón. Si no hay liberación de los prisioneros políticos y exiliados; si no cesa la persecución y no se libera a los jóvenes estudiantes detenidos, así como a los líderes políticos y alcaldes, resultaría en una farsa. El diálogo tiene un objetivo: reencontrarnos y construir un futuro consensuado de país; un proyecto de nación compartido al margen del credo, la raza o el nivel socioeconómico.

Dios permita que logremos estos aspectos y permitamos un futuro mejor y más justo para todos. El país tiene la palabra…

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

@rafaelmartinezn

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