rafel martinezUna vez más, los venezolanos nos encontramos ante la encrucijada de nuestra historia. Pareciera que, el diálogo es visto con recelo por algunos. Sin embargo, no es posible construir un futuro sin buscar reencontrarnos en alguna parte, en algunos aspectos… La locura del aislamiento ya la vivimos en las elecciones parlamentarias de 2005. Con el 25% de los votos, debido al retiro de la oposición, por la presión mediática y la opinión de sectores radicales, logramos perder todas las instituciones del país. No pudimos postular magistrados al TSJ, ni al directorio del CNE, ni a la Fiscalía General de la República… Ausentarnos no resuelve los problemas nacionales, los agrava.

Creo, muy personalmente, que debemos aprender de nuestras experiencias, la historia reciente nacional y de otras naciones latinoamericanas. Por ejemplo, en Chile, cabe destacar el esfuerzo de la oposición por el triunfo del referendo para lograr el término de la dictadura (1988). El dedo confrontador del joven Ricardo Lagos, representante de los grupos por el No, increpó al dictador Pinochet, quien perdería la consulta electoral, tras el “Vamos a decir que No”, slogan de la oposición en la consulta contra el régimen. Luego, el presidente Patricio Aylwin (1990-1994) hubo de ser el primer régimen democrático tras la dictadura, gobernando por la Concertación Democrática, pero coexistiendo con el dictador en calidad de “Comandante en Jefe”, a pesar de haber sido éste el asesino de miles de chilenos y el autor del golpe de estado contra Salvador Allende en 1973. Lo que quiero compartir con nuestros acuciosos lectores es que, la resolución de conflictos es realmente compleja. La MUD venezolana está iniciando un proceso de cambio en el país, tras 15 años de régimen castro-chavista-madurista. Esto implica prudencia y objetividad. El camino puede estar lleno de escollos, pero no nos es permitido sabotear el futuro de nuestros hijos, sobrinos, nietos… de tantos jóvenes llenos de esperanza, de entusiasmo, de futuro…

Tengo confianza en la MUD, creo que la experiencia y la buena voluntad de muchos que la conforman son la base para el inicio de un cambio mejor y más justo para el país. Con respeto observo y leo las posiciones contrarias: las altisonantes, las inquisitorias, las recelosas… Observo, como ciudadano, con respeto también a los partidos o personalidades que han decidido no concurrir a dialogar, al menos al principio.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no está claudicando la lucha contra el régimen en el país. Los cuatro puntos origen de la conversación son muy claros: 1) Ley de Amnistía, 2) Comisión Nacional de la Verdad Independiente, 3) Compromiso para la renovación equilibrada de los poderes, y; 4) Desmovilización y desarme internacionalmente verificada de los grupos paramilitares y parapoliciales.

Si vemos los aspectos a incluir en la agenda por la oposición y, sumamos a ello, tanto la mediación de los cancilleres de Unasur, como la invitación al Estado de la Ciudad del Vaticano, para contribuir a la mediación y ser “testigo de buena fe”, encontramos un inicio formal y consistente en dirección a seguir buscando el reencuentro nacional indispensable para la vida pacífica de nuestros compatriotas.

Nadie ha claudicado a la lucha, ni a sus principios. Nadie se ha agotado en la búsqueda de soluciones inteligentes a nuestros graves problemas políticos. Quien se cansa, pierde… pero no juguemos a cara o sello… seamos más creativos y construyamos patria… Es la hora del diálogo ciudadano para el cambio… esa es la salida.

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

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