2013111743347En la vida de cada individuo, en las realidades cotidianas, asistimos a tiempos, a etapas más o menos recurrentes. Cada año, los cristianos vivimos un ciclo litúrgico que pretende hacernos recordar, no una historia ocurrida hace dos mil años, sino una historia vívida que se inscribe en nuestro devenir diario.
De esta forma, la Cuaresma 2014 nos llama a la reflexión, a la penitencia, a la conversión y a la preparación para un cambio de vida. Cambio de vida que en el caso de los venezolanos está anotado en los signos de los tiempos.

Venezuela vive un tiempo de lucha. Una lucha que inicia por allá, en el no tan lejano siglo XIX, cuando se descubre a sí misma y, junto a mujeres y hombres de aquél tiempo, comienza un peregrinar por la historia -su historia- marcado por la lucha, el llanto, el esfuerzo y, por qué no, la felicidad del reencuentro con el otro, en esa diversidad cultural y étnica, que nos constituye en el pueblo venezolano que ahora somos, con nuestros defectos y virtudes.

La Cuaresma es un tiempo de luto. El morado cuaresmal recuerda que toda nueva vida nace del final de aquello que muere. En Venezuela, 25 mil compatriotas que nos dejan cada año por la violencia en la calle, por la inseguridad, son un motivo de reflexión y cambio. Asimismo, los jóvenes que han fallecido a mano de los cuerpos represivos del régimen en sus justas luchas libertarias, son también un recuerdo a algo que se nos muere, de cara al cambio. Es por ello, que la Cuaresma 2014 será un “tiempo fuerte”.

Frente a la protesta ciudadana, al “guarimbeo”, a las cacerolas, a las “conferencias de paz”, a los “oídos sordos” del régimen debemos como venezolanos retomar el espacio de reflexión y penitencia. La incapacidad por parte del régimen de construir una economía solidaria, de cara a los más pobres nacionales, junto al endeudamiento con naciones extranjeras para financiar clientelismo y corrupción van a constituirse en una suerte de cosas que, lejos de favorecer la tranquilidad y calma del pueblo, por el contrario, generarán un nuevo caldo de cultivo que nos retrotrae a momentos de desesperanza social y económica que parecían superadas gracias a nuestra riqueza petrolera. Pero no es así, la torpeza del régimen es aún mayor.

Debemos prepararnos para el cambio. Debemos ser capaces de retomar lo malo que hay en cada uno de nosotros para, desde “eso malo” que arrojamos fuera logremos aprender y así erigir la Pascua que se nos avecina.

La cuaresma es un tiempo que nos rememora que hay un esfuerzo de cambio que, por la cruz, nos lleva a una mesa con el Mesías, el que iba a venir para traernos la vida nueva y la reconciliación. La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades. Este es nuestro tiempo de cuaresma, Venezuela. Con alegría transita junto a tus jóvenes, a tus mujeres y a tus hombres por esta vía que conduce al cambio y a la conversión.

La Cuaresma nos lleva a esa redención en la muerte y resurrección del Maestro. Muramos a lo viejo, para que el vino nuevo de nuestras esperanzas, de nuestro amor, de nuestra nueva independencia prenda en los corazones de cada venezolano, desde el más recóndito lugar en que se encuentre. Pueblo de Venezuela recorre con entusiasmo y fervor esta historia de cambio que nos increpa. ¡Manos a la obra!

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

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