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La represión por parte de los cuerpos del régimen parece que no tiene parangón. Las redes sociales han venido mostrando a los cibernautas, con horror y sorpresa las múltiples acciones –militares, policiales o de colectivos afectos al gobierno- contra ciudadanos comunes: mujeres, hombres, jóvenes o niños… Se ha desatado en Venezuela, al parecer, una desenfrenada ola de violencia. Sin embargo, no es que se ha desatado, pues los medios impresos y televisivos han venido informando a diario, durante los últimos 15 años de “construcción” castro-chavista la violencia presente en nuestra sociedad.

Venezuela se mueve entre el enfrentamiento social, producto de la crisis económica que ya da sus primeros signos. Solo en la red Mercal se ha presentado un incremento importante de precios, por resaltar el impacto sobre un mecanismo de transferencia y solidaridad con los estratos D y E de la población. La crisis económica junto al irresponsable endeudamiento público lo que está preparando es un país que requiere desde ya, el rencuentro. Las luchas reales –fruto del descalabro económico- por las que los venezolanos deberemos trabajar aún no han empezado.  La represión contra estudiantes, alcaldes, partidos políticos lejos de resolver la crisis la profundiza.

Es una labor del Estado y del partido de gobierno entender que “tender la mano” de la fraternidad y el diálogo no puede ser meramente una estrategia dilatoria para reacomodarse en el poder. Mientras existe una postura de diálogo entre sectores políticos y sociales, el régimen encarcela a jóvenes estudiantes, los imputa de cargos, o permite sean abaleados ciudadanos por presuntos funcionarios o representantes de “colectivos”. Recordamos aquella película venezolana “La empresa perdona un momento de locura (1978)”, donde se rescata la solidaridad y la ira tras los hechos fortuitos que originan la reacción del protagonista en la empresa, nuestro recién ido, Simón Díaz. La película se transforma en un verdadero enfrentamiento entre un humilde empleado y los directivos de la empresa para la cual trabaja. Así, la desigualdad de fuerzas existente surge feroz y decisiva. Cualquier parecido con nuestra realidad, es pura coincidencia.

El país está en una encrucijada. ¿Somos capaces de reaccionar ante la poderosa fuerza de un régimen que, por un lado “hace las veces del diálogo” y, por el otro allana la inmunidad de la Dip. Machado o detiene e imputa indiscriminadamente a estudiantes o alcaldes de oposición?

La estrategia del régimen está más que develada.  Ante la crisis, la represión. Desviar la atención de los grandes problemas económicos y sociales sin mostrar un ápice de cercanía real al pueblo venezolano es simplemente el más grande fraude al sentimiento patrio. Es lamentable que, internacionalmente, existan aún personeros políticos incapaces de ver con solidaridad la permanente violación de DDHH por órganos del Estado venezolano.

Venezuela requiere fraternidad y diálogo. El reconocimiento del otro, del que me adversa dentro de un clima de fraternidad ubica al diálogo dentro de un espacio de confianza y respeto por el otro, el diferente.

La Biblia rescata una sentencia muy dura sobre la conducta divina ante los gobernantes: “…los poderosos serán severamente castigados… (Sb. 6,6)”

Tiene la palabra, presidente Maduro.

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

@rafaelmartinezn

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