rafel martinez
Los andinos arriban por primera vez al poder en Venezuela gracias, por decirlo de una forma positiva, a la Revolución Restauradora Liberal, que llegó al país desde Colombia. Encabezada por Cipriano Castro, su compadre Juan Vicente Gómez y otros como Eleazar López Contreras, junto a sesenta “gochos” van tomando pueblo a pueblo, hasta derrotar obstáculos para llegar a Caracas, a la capital y, vencer al liberalismo amarillo, que bajo la égida de Antonio Guzmán Blanco, había dirigido el país de 1870 a 1899, junto a alrededor de diez líderes políticos que asumieron la primera magistratura nacional durante esos años.

Esta experiencia dio terminó con el siglo XIX y, permitió reconocer y reconocernos, como una nación más plural, culturalmente, por el hecho de la entrada de los andinos quienes habían estado, hasta ese momento, prácticamente al margen de la historia patria. Mucho más vinculados con Colombia, comercial y políticamente. Así lo reseñan en “La cuestión petrolera”, los investigadores Asdrúbal Baptista y Bernard Mommer. Es así que, este encuentro nacional permite cohesionar a un país que hasta ese momento, no lograba encontrar un fin común cerca de la capital, lo que conllevó  la constante guerra de guerrillas, las “montoneras” decimonónicas que terminan en la “Mata Carmelera” con el asesinato de Joaquín Crespo a manos del “mocho” Hernández. Con la desaparición física de Crespo, el presidente de turno, Ignacio Andrade, queda desprotegido y, Castro tiene el camino abierto a una nueva época: la hegemonía andina, que duraría hasta 1945.

El finado Comandante Supremo arribó al poder con la revolución bolivariana, en 1999. Decía en estos días el premio Nobel de Literatura (2010),  premio Rómulo Gallegos (1967) y premio Cervantes (1994), Mario Vargas Llosa, quien visitó a nuestra patria en el marco de los 30 años de Cedice (Centro de Divulgación del Conocimiento Económico) “… que el pueblo venezolano se equivocó al elegir a Chávez y a un proyecto ‘que emula a Cuba y a Corea del Norte (…)’ Venezuela atraviesa un anacronismo radical… (El País, abril 25)”.

Por ello, el mismo pueblo que aclamó a los andinos antaño –salvando las distancias- cien años después vio en la “Revolución Bolivariana” un paradigma de “resurrección patria”. Una revolución que, según sus líderes,  debía ser “exportada” a la América Latina y, que sería abiertamente financiadora de los regímenes política e ideológicamente afines. Esta perversión de modelo “bolivariano y socialista del siglo XXI” es el centro de atención de la crisis actual junto al “modelo mesiánico” que parece salido de la “Guerra del fin del mundo”, novela de corte histórico del propio Vargas Llosa. Ese “Antonio Conselheiro” personaje principal de la novela, es una suerte de líder social del nordeste brasileño que mezcla sus profecías con la instauración de un ideario religioso milenarista. Algo así como “el socialismo del siglo XXI”, que nadie ha podido explicar en concreto cómo resuelve los problemas de los más pobres, las desigualdades sociales, la distribución de la renta…

Parece que los fantasmas de otras épocas siguen revoloteando por encima de nuestras cabezas cuando, incapaces de solventar nuestros graves problemas de política económica actual, seguimos en el discurso de la sorna “patriotera” y el lenguaje mítico-religioso pretendiendo con ello, emular personajes de novela o caudillos del pasado.

Una nueva época viene. Época sembrada de juventud y entusiasmo. De trabajo, progreso y bienestar para todos… Como se atribuye al Quijote: “…cosas veredes, amigo Sancho…”  Nuestro pueblo tiene la palabra.

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

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