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La revolución “bolivariana” ha venido trabajando en contra de los sectores más pobres del país. La revolución que llegó con el finado Comandante Supremo ha venido produciendo  escasez de productos, no por una “guerra” económica de los sectores industriales y comerciales del país o, de una estrategia conspirativa internacional para deponer el régimen.

Los altos precios de los distintos productos y servicios, autorizados subrepticiamente por las autoridades “competentes” del régimen aseguran la inflación, sin corregir el entuerto económico que ha venido diseñando el gobierno para financiar su fracaso y permitir que grupos de la “boliburguesía” se favorezcan de cada error patrocinado y promovido desde las altas esferas del poder. Es así que, por poner un ejemplo, el cambio de los bombillos tradicionales por los de “luz blanca” generaron millones de dólares en inversión para sustituir la “luz amarilla” por aquélla otra, mejor y óptima. Sin embargo, ahora deben ser sustituidos todos, invirtiendo el gobierno una cantidad considerable en diodos, por sus siglas en inglés LED. De esta forma, qué hay con la contaminación por mercurio, que proviene de los bombillos de luz blanca que fueron adquiridos por el respetivo ministerio y “obsequiados” a la población, llenando el país de éstos para reducir el consumo energético. Cabe preguntarse: ¿Cuántos millones de dólares invirtió el gobierno del finado Presidente en estos “ahorradores”? ¿No había ningún estudio previo sobre la contaminación por mercurio de los citados “ahorradores”? Para variar, no hay responsables, ni ambientales ni administrativos.

En otro orden de cosas, el índice de precios al consumidor, que mide la canasta básica familiar, se ubicó en Bs.17.572,50 en marzo, es decir casi cinco salarios mínimos. Esto sugiere al lector, que hay un gabinete ministerial incapaz de dar respuesta a las necesidades básicas de los venezolanos, ni precios accesibles, ni inversión real que permita el crecimiento de los sectores económicos que reproducen el capital, que solidifican la riqueza y que comprendamos que nuestras bienes y servicios son propios a las necesidades de la población.

Apreciemos la revolución, señalaría algún interesado. Pero no se puede reproducir un modelo que ha venido mostrando la incapacidad de llegar a los más necesitados y sustituirles esta incapacidad por un conjunto de medidas que permita crecer a los ciudadanos para poder construir una sociedad venezolana mejor y más justa. Esta sociedad permitiría recrear una nueva comunidad que junto a precios justos, obtendrían productos locales que aprovechan los esfuerzos industriales y comerciales para lograr una economía acorde a un modelo de desarrollo moderno, solidario y de precios “justos”. No una instauración unilateral de los precios por parte del gobierno. Sino la respuesta a un modelo de desarrollo de justicia, de crecimiento y de aumento de la riqueza. Nada de eso ha ocurrido. Salvo la “boliburguesía”, que se ha venido “apropiando” de la riqueza y ha venido “promoviendo” un modelo de dádivas para todos, sin un patrón real de crecimiento laboral, recurrente e integral.

15 años de extraviados. Tres quinquenios medidos como en la “cuarta república”, ininterrumpidos para el régimen, que no ha logrado plasmar un nuevo país. La más alta tasa de ingreso petrolero en los últimos años, pero sin poder decir que “sembramos el petróleo” en beneficio de todos.

Queda al pueblo por pronunciarse. Tenemos la palabra.

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

@rafaelmartinezn