La historia nacional ha estado compuesta -al igual que la de todos los países- de distintas etapas que han forjado el presente y las concepciones culturales y socio-políticas.

Hay algo que en la historia venezolana es indiscutible; el concepto de civismo y el tan nombrado “ciudadano” no ha sido asimilado del todo por una nación que históricamente ha sido gobernada por militares mesiánicos. Desde el inicio de la historia republicana de Venezuela, en sus primeros gobiernos, podemos ver la mala praxis de la concentración total de poder, no solo en la presidencia de la República, más aun, en el presidente como persona. Desde el comienzo de la dictadura de Juan Vicente Gómez las Fuerzas Armadas fueron concentrando mayor poder político hasta el punto de que el caudillo Gómez cambiaba la Constitución a su antojo para separar al Comandante en Jefe de la figura del presidente de la república. Esto cuando debía separarse de Miraflores y nombrada a compadres o amigos suyos Presidentes, pero él seguía siendo el Comandante en Jefe del Ejército desde Maracay para evitar que lo derrocaras sus amigos como él había hecho con Cipriano Castro.

Hay una cualidad que los militarotes en todo el mundo comparten: el servilismo extremo a intereses foráneos y la mano dura con la nación que gobiernan. Las regalías del petróleo y las riquezas nacionales son entregadas al tiempo que van pregonando un falso nacionalismo que usan como la  bandera que levantan como cortina de humo para hacer sus fechorías.

A la caída de los gobiernos que sucedieron al general Gómez, el llamado Trienio Adeco comienza un nacionalismo real, los planes de infraestructura, de educación, producción, nacionalización y sobre todo la inclusión social de todos los sectores de la vida nacional significaron un cambio rotundo en la forma en la cual había sido conducida desde la independencia. Pero fue un sueño corto; los militares querían el poder de nuevo. Y comenzó de nuevo el terror político, social y económico con mayor fervor que nunca. Hasta la fecha no se han contabilizado las violaciones a los derechos humanos de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (un gran amigo prefiere nombrarlo por sus iniciales MPJ), las persecuciones, homicidios, desapariciones y torturas que muchos vivieron todavía, a 55 años de haber finalizado no se conoce un número exacto.

Pero terminó la dictadura, y comenzó a salir el sol para todas las generaciones, presentes y futuras en una Venezuela que comenzaba a decir “no olvidaremos”; “no olvidaremos los crímenes, abusos, las burlas, la desidia en las que nos sumieron los caudillos y mesías militares”. Y con la llegada de la democracia volvió la prosperidad, la inclusión y democratización de los venezolanos en la vida política, la construcción de hospitales que hasta hoy -aunque maltratados y casi acabados por el actual régimen- constituyen el pilar fundamental del sistema de salud nacional, las políticas de educación que aumentaron infinitamente el número de estudiantes y la construcción de tantas escuelas, liceos y universidades que permitieron que es sistema educativo nacional fuera uno de los mejores en América Latina.

La Venezuela democrática puede sentirse orgullosa de muchas cosas; durante el gobierno de Rómulo Betancourt se creó la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) que permitió a estos países llamados del “Tercer Mundo” que administraran sus riquezas y nadie les colocara precio a sus esfuerzos y separarse de los poderes imperialista su gobierno también se llevó a cabo la reforma agraria más importante de la historia nacional; decenas de miles de venezolanos pudieron cultivar dignamente los frutos de una Venezuela que le abría las puertas al progreso y al futuro.  La creación de sindicatos de trabajadores durante el Gobierno de Raúl Leoni permitió que los trabajadores no fueran sometidos por los patronos y así conseguir mayor justicia social. Durante su gobierno el Bolívar era moneda de cambio internacional.

El presidente que marcó historia y escribió capítulos de desarrollo, descentralización, poder ciudadano, honestidad y estabilidad fue, es y será Carlos Andrés Pérez, primer hombre en ocupar democráticamente la silla presidencial por segunda vez. Durante su segundo Gobierno se realizaron las primeras elecciones regionales y municipales  de la historia; el venezolano podía ahora elegir sus gobiernos de forma directa. Las políticas económicas que el impulsó significaron un cambio radical a la economía de un país que hasta ese momento era controlada por el Estado. En menos de un año se vieron resultados positivos.

Durante el gobierno de Jaime Lusinchi, Acción Democrática siguió siendo el motor de impulso del avance nacional. La construcción de más de 300000 de casas dignas en menos de 5 años significó un salto hacia delante sin precedentes en ese sector, en el cual nadie ha podido llevar ni cerca de esa cifra.

Acción Democrática ha escrito, con pluma de oro, los párrafos  de la democracia concebida por los venezolanos y para los venezolanos. Es el depositario del compromiso de lucha, de trabajo duro y sacrificio por la nación, de democracia real, de justicia social, de nacionalismo verdadero y de progreso y desarrollo en pro de un mejor futuro. Venezuela no puede olvidar que tuvo gobiernos suyos, gobiernos de venezolanos, con aciertos grandes y también errores. Gobiernos decididos a hacer que todos los venezolanos tuvieran la posibilidad de optar a un futuro digno y con esperanzas de avance. No permitamos que un grupo de truhanes, que hoy están ostentan el poder sin vocación de servicio nos hagan olvidar que una vez tuvimos tiempos buenos, gobernantes honestos, demócratas por convicción, luchadores apasionados, que tomaron las decisiones necesarias, por difíciles que fueran porque, para poder avanzar a veces debemos cambiar lo que nos impide el progreso. Venezuela no merece más gobiernos militares, totalitarios, autocráticos y dictatoriales; Venezuela, necesita, anhela democracia real, un gobierno para el futuro, un gobierno de paz y prosperidad. Venezuela necesita a Acción Democrática.

Rafael Hernandez

Secretario Juvenil  AD-Guanare (Portuguesa)