Entre tanta convulsión política, dejamos de lado algunos temas verdaderamente importantes. Me refiero en concreto al aniversario del nacimiento del ex presidente Rómulo Gallegos, acaecido el pasado 2 de agosto.

Carlos Arocha Luna, en su libro sobre Rómulo Gallegos, destaca que el ex presidente era un “…literato prestado a la política por imperativos impostergables en aras de un destino de aliento superior”. Creo que es lo contrario. Gallegos fue un político, un verdadero político, que utilizó sus innatos recursos literarios para escribir libros con un trasfondo político tal que sirvieran a que el venezolano conociera Venezuela.

“Doña Bárbara”, “Canaima” o “Pobre Negro” son mucho más que piezas únicas de la cultura y las letras. Estas obras son verdaderos decálogos políticos, no en un sentido convencional de adoctrinamiento, pero si con una finalidad de convencimiento a las masas que Venezuela es el país de los venezolanos.

No fue Gallegos ese líder político que fueron Rómulo Betancourt o Raúl Leoni. Pero el maestro entendió que la buena política es cualquier acción que busque mejoras para el colectivo.

Una vez establecida la fama de Gallegos como escritor, el general Gómez decide nombrarlo senador por el estado Apure en 1930. Gallegos, apenas se entera del “nombramiento” a dedo viajó casi de inmediato a los Estados Unidos para rechazar dicho nombramiento desde allá. Su primer exilio fue voluntario. Envió una carta al presidente del Senado rechazando tal designación y poniéndose en contra de la dictadura.

A partir de ese entonces, el novelista quemó sus naves e inició su trayectoria política. Gallegos se convierte en una figura moral a seguir. En una época donde valía más la alabanza que el respeto –Juan Vicente González dixit- Gallegos abrió una puerta donde entró luz de ética.

Una vez fallecido Gómez, regresa a Venezuela en 1936 y es designado ministro de Instrucción Pública, siendo luego electo en 1937 concejal por Caracas y en 1938 diputado al Congreso Nacional por el Partido Democrático Nacional. En las elecciones en segundo grado para que el Congreso Nacional eligiese al presidente de la República es designado por el PDN candidato presidencial.

La de Gallegos fue una candidatura simbólica. Sabían Betancourt, el PDN y el propio Gallegos, que no podía ganarse dicha elección: el Congreso lo controlaba López Contreras y este tenía su candidato. Pero esa candidatura tuvo otro fin: el enseñar al pueblo que la política podía hacerse democráticamente y basada en principios morales.

Funda luego, junto a Betancourt, Leoni, Valmore Rodriguez, Ruiz Pineda, Dubuc y muchos otros, Acción Democrática. Manuel Caballero aseguraba en uno de sus tantos libros que el nombre del partido fue creación directa de Gallegos.

Años después, en 1946, gana las elecciones presidenciales y se convierte en el primer presidente electo por votación popular. Por primera vez los venezolanos escogían de manera directa a su presidente, y eligieron a Gallegos, candidato de Acción Democrática.

Gallegos fue un político. Su prosa, su creación literaria, tiene un trasfondo político venezolanista.

Pobre negro, por ejemplo, relata una historia de búsqueda de libertad y derechos individuales. Doña Bárbara explica a Venezuela desde el llano adentro. Lo mismo pasa con Canaima.

Y la creación política de Gallegos tiene visos similares. El senador designado a dedo por Gómez que renuncia de inmediato para ponerse en la acera al frente del despotismo, el ministro de educación revolucionario, el candidato simbólico, el candidato ganador… en fin. La altura moral de Gallegos enaltece la historia venezolana y, específicamente, la de Acción Democrática. El partido blanco tuvo grandes referencias culturales en su haber, donde resaltan Andrés Eloy Blanco y Rómulo Gallegos. Pero este en concreto dejó una huella imborrable en el venezolano desde su escritura y sus ideas.

Manuel Rojas Pérez

Responsable Nacional de Capacitación y Doctrina de AD