“Betancourt es un hombre que siente la necesidad

de la limitación del poder”

Manuel Caballero

El próximo viernes 22 de febrero se cumplen ciento cinco años del nacimiento del ex presidente Rómulo Betancourt. En ese sentido, considero importante no dejar pasar  la oportunidad para rendir un homenaje a su memoria hablando de su legado democrático.

Llamar a Betancourt el “padre de la democracia” puede llegar a ser suntuoso, entre otras razones, porque él mismo detestaba esos calificativos caudillescos, y porque fueron muchos los que parieron la concepción democrática en Venezuela. Pero sin duda, fue Rómulo el principal visionario y constructor.

Betancourt pensó a la democracia desde los lejanos tiempos de sus luchas contra el gomecismo, por allá por el año 1928. Asimismo le dio contenido con el Plan de Barranquilla. Con la creación de Acción Democrática –según sus palabras, su gran orgullo- Betancourt limitó su poder, ya que en el partido, si bien era reconocido como líder, permitió que se le discutiera y hasta que se le ganara. Y es a través del partido político que Rómulo logra transmitir el pensamiento democrático al pueblo. Por último, hizo de la democracia un ejercicio cotidiano, ya que hasta hace catorce años era normal ver a personas alternándose el poder.

Una de las cosas que más sorprende de Betancourt es, justamente, su falta de afición por el poder. Ya en 1945, habiendo llegado al poder manu militari, por razones históricas que no podemos tocar aquí por falta de espacio, tenía todo dado para aferrarse a la silla presidencial como venía ocurriendo desde hace siglo y medio. Pero no. Rómulo impulsó la creación del Estatuto Electoral y la prohibición de que los miembros de la Junta de Gobierno del 45 se contaran en las elecciones de 1947, las primeras de la historia de Venezuela. Luego de haber sido presidente en el periodo 1959-1964, expresamente renunció a postularse nuevamente a la presidencia de la República, alegando que “…hay que darles ocasión de ejercer la primera magistratura, con todo lo que comporta de responsabilidad y de satisfacciones, a otros venezolanos”. Como diría Manuel Caballero, Betancourt adoptó una “actitud inédita, y en cierto sentido revolucionaria en la historia de Venezuela apartando la tentación de perpetuarse en el poder”. Bien lo destacó Francisco Herrera Luque: Betancourt tenía la extraña manía de ser demócrata.

Lo que hizo al ex presidente grande en política fue su venezolanidad. Citando de nuevo a Herrera Luque: “Betancourt siente, piensa y habla en venezolano. Conjura con su lógica, dichos y acentos, las diferencias de clase, casta y procedencia. He allí la razón de su carisma”. Por ello los planes sociales aplicados en los dos gobiernos betancouristas aun son imitados por el actual régimen.

Por último, es Betancourt quien logra meter la democracia en el ADN de los venezolanos. El mecanismo propuesto y creado por Rómulo está en la base de nuestra cultura. De quinientos años de historia, cuatrocientos treinta han sido de gobiernos autoritarios. Solo la época de democracia elitista de López Contreras y Medina y, luego, la democracia total del 1945 a 1948 y de 1958 hasta 1999, han generado al venezolano la necesidad por la democracia. Esta es la explicación para que el gobierno de Hugo Chávez no haya podido implantar con total libertad su sistema autoritario fascista-estalinista, porque a pesar de sus victorias electorales, el venezolano se resiste a gobiernos despóticos.

Es gracias al legado democrático de Rómulo Betancourt que el venezolano, incluso el chavista, no permite al final del día, imposiciones autocráticas. A la hora de la chiquita, el propio pueblo chavista se reconoce democrático, como sucedió en el año 2007 cuando el gobierno perdió la reforma constitucional. El gran muro de contención con que Chávez se ha conseguido, y no pudo nunca derrumbar, lo levantó en 1945 Rómulo Betancourt con su verdadera revolución. Una revolución, esa sí, democrática.

Manuel Rojas Pérez

Responsable Nacional de Capacitación y Doctrina de AD