El gobierno despotrica cuanto enemigo se le ocurre, para intentar encubrir su desastroso desempeño. El tema Snowden es más de lo mismo, Pero nada de esto oculta la realidad que se ve clarita desde dentro y fuera de Venezuela.

No creo que nadie pueda sentirse contento si no encuentra papel tualé en los anaqueles de los mercados, o si sufre la tragedia de que le maten un familiar; para probar con su propio drama que el gobierno es un fracaso en todos los ámbitos. Nadie, simpatizante del gobierno o de la oposición, puede querer que sus preferencias triunfen a costa del fracaso del otro porque al final, los paganos somos todos. Digo esto por el empecinamiento del oficialismo en afirmar que la oposición hace lo posible para que el gobierno fracase, y que siga con la cantinela de imputar todos sus yerros a maniobras y conspiraciones de la derecha, la burguesía y demás “enemigos” imaginarios que ha constituido para justificar sus desaciertos. El gobierno sabe que el fiasco del desarrollo endógeno en un mundo globalizado, los gallineros verticales, los fundos zamoranos, los huertos en las platabandas, las empresas y areperas socialistas, la devaluación acumulada del 1.470% y el aumento del precio de los alimentos en un 1.580%, no son más que la consecuencia económica de los disparates descomunales del ilustre megalómano que creyó que podía tener éxito allí donde Marx, Lenín , Stalin y Mao se pelaron. Puede que haya dirigentes extraviados que crean que existe una relación directamente proporcional entre el fracaso del gobierno y el triunfo de la oposición y que incluso apuesten a eso. No lo dudo. De lo que estoy convencido es que a lo mejor perdemos todos si sale por ahí una culebra del mogote y nos deja a unos y a otros con los crespos hechos. Detalles no los voy a dar, pero de que vuelan, vuelan.

Hago esta introducción desconcertado, además, por la fatuidad de un gobierno que sigue creyendo en esas pavadas de que somos un país-potencia y que cuando se menciona el nombre de Venezuela en cualquier confín del planeta la gente hace reverencias por el respeto que inspiramos. Parece que tampoco se ha percatado que esos organismos avivados y de vuelo corto que insistimos en financiar con los petrodólares que ya no tenemos porque Chávez se los gastó todos, ni siquiera votan con nuestro país en los organismos internacionales cuando la política exterior del régimen lo requiere. Para muestra ahí están las sanguijuelas del Caricom, herederos del pragmatismo de los anglosajones y holandeses que los colonizaron y después los independizaron cuando sacaron las cuentas de la relación costo-beneficio y del peso muerto que significaban. Por esto mismo entiendo cada vez menos el embarque del gobierno importando ese pescado podrido que es Edward Snowden, al que se ha sacudido todo el planeta (Rusia, China, la Comunidad Europea y toda Latinoamérica incluyendo Cuba y Ecuador, salvo Nicaragua, la pobre Bolivia y Venezuela) porque, según han dicho unos públicamente y otros en susurros, no quieren complicar sus relaciones con los Estados Unidos. Yo creo que la bravata gubernamental en el caso de Snowden, en que algunos ven una especie de arma secreta que desbalanceará a los norteamericanos, no es más que una contraprestación que el régimen entrega a sus radicales del socialchavismo por las medidas económicas correctivas que se ha visto obligado a tomar remontando las acusaciones de que está haciendo concesiones al imperialismo. Cada vez que los intrigantes le señalaban a Stalin las refulgencias peligrosas de sus adversarios del Soviet Supremo, el dictador les recordaba que las escamas del bacalao muerto emitían hermosos destellos bajo la luz de la luna mientras pudría flotando en la superficie. El problema mayor no será traerse a Snowden sino sacudirselo después.

En medio de estos sinsentidos, uno no puede menos que condolerse cuando paises que proclaman de la boca para afuera ser antiyankis y socialistas, azuzan al régimen venezolano al mismo tiempo que estrechan cada vez más sus vínculos con Estados Unidos, amplian sus relaciones comerciales sin hacer caso de diferencias ideológicas, entienden perfectamente las exigencias del capitalismo internacional, crecen sostenídamente con las inversiones extranjeras que no cesan de captar dándoles seguridades de todo tipo y, en el caso del Ecuador, hasta nuestro misérrimo Bolívar “fuerte” lleva a cuestas la tragedia de valer mucho menos que el precio del papel donde está impreso o del metal donde está acuñado. Que calamidad con estos ratones que no cesan de rugir sin darse cuenta que se han convertido en el hazmerreir de sus aliados y sus adversarios.

Henry Ramos Allup

Secretario General Nacional de AD

Artículo publicado en el Diario El Nuevo País 14-7-13