La reconciliación es uno de los actos humanos más excelsos. La reconciliación es el acto mediante el cual, quien infringe un mal a otro, se sienta frente a sí mismo –consigo mismo- y solicita el perdón, con un profundo dolor por la “infracción” cometida. Por ello, la reconciliación es un “momento humano” que permite descubrir la posibilidad de lo imposible: empezar de nuevo. Fue el cristianismo quien elevó el acto de reconciliación a un peldaño más sublime: lo sacramentalizó, lo constituyó en “sagrado”.

El régimen venezolano ha venido, desde hace 14 años, tratando de mezclar: caudillo, gobierno, revolución, milicias… con ideas de: Patria, Libertad, Soberanía, Pueblo… (poner en mayúsculas los segundos términos no es mero acto de capricho del autor, sino para resaltar la diferencia en cuanto a calidad y profundidad de los términos). Para ello, el Gobierno de la revolución, ha combinado revolución con pensamiento bolivariano, pretendiendo así mezclar el régimen actual con las ideas libertarias de Simón Bolívar y de los próceres del siglo XIX venezolano y latinoamericano. Sin embargo, a simple vista, y por los acontecimientos más recientes, observamos que, el régimen del finado presidente, así como esta caricatura de instituciones gubernamentales, son lo más alejado de esas profundas y “sagradas motivaciones libertarias” decimonónicas.

Justamente, el siglo XIX, así como permitió liberarnos del yugo colonizador y constituirnos como naciones soberanas fue, especialmente para el caso de Venezuela, un enconado siglo de guerras civiles, de lucha entre hermanos, de facciones.

La polarización nacional actual parte, de esta definición y de este “enfermizo” retrotraernos a épocas anteriores, con el sólo propósito de construir una “propaganda” gubernamental a favor de los intereses del régimen. Pero que ha traído la más grande y profunda división en el país después de la consolidación petrolera de principios del siglo XX y, de la experiencia democrática de partidos y convivencia nacional del “pacto de punto fijo” (1958-1998).

El uso de recursos del Estado para la división nacional, el encendido discurso político del Gobierno sobre las grandes masas populares derivó en ficticia una lucha de clases, en la destrucción de los partidos y las organizaciones políticas, en el aniquilamiento del aparato productivo nacional con insospechados propósitos “redentoristas” por parte de un Estado que –a la mejor usanza de los regímenes fascistas y comunistas, totalitarios- se hacía cada vez más y más con los ingentes recursos del país, a favor de “probos y diligentes” funcionarios. Haber jurado sobre “…la moribunda Constitución Nacional…”  fue un primer paso que, desapercibido, inició un conjunto de violaciones, no sólo de la formalidad y protocolo de los actos públicos, sino un descaro del “personalismo caudillesco” que nos devolvía a las páginas más oscuras de nuestra historia patria: las guerras federales. Con desorden, no se desarrolla ni crece una nación, y justamente eso es lo que ha ocurrido.

Estamos en 2013, catorce años después del inicio de “esta novela por entregas”. Nos encontramos sin industrias nacionales importantes; sin agricultura extensiva; sin ganadería adecuada a las nuevas realidades y tiempo;  sin infraestructura adecuada; sin capacidad real de intercambio internacional (ni para el tan cacareado trueque, ni por la vía de las divisas)…

El Papa Francisco, pone en este mes de Junio, como intenciones de oración: “Que prevalezca entre los pueblos una cultura de diálogo, escucha y respeto mutuo” ¡Que bien se ajustan estos deseos  a Venezuela!

La reconciliación no es impunidad, pero sin reencontrarnos nuevamente, no habrá Patria. Es urgente el rescate de las instituciones, para crear esas condiciones verdaderas de diálogo, escucha y respeto a que refiere el Papa, y que vienen al dedo a nuestra realidad. Presidente Maduro, tiene la palabra y la acción.

Rafael Martínez Nestares

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

Artículo publicado en www.eluniversal.com