Sin señor, sin baldón, sin tirano… Así dice, en uno de sus pasajes, el himno de Acción Democrática. “Baldón”, según el DRAE, significa oprobio, injuria o palabra afrentosa, es decir, ignominia, afrenta, que somete a la deshonra; mientras que la referencia al “señor” es a aquél al que se siente dueño, que tiene dominio sobre lo que considera su propiedad. El “tirano” se entiende sin mayores explicaciones… Venezuela atraviesa por una incertidumbre institucional, que aún no ha llegado a un explosivo momentum  de crisis por las jugadas  que ha hecho el oficialismo en la AN y el TSJ, así como por el control social que ejerce el régimen, gracias al sistema de dominación mediático y político. La evolución de la enfermedad presidencial, en el marco de un régimen personalista acumulador del poder, es la causante de todo esto.

Las sociedades no pueden depender de un hombre, porque termina sufriendo de sus deseos, humores, apetencias, creencias y elucubraciones. Una parte de la sociedad ha asumido, hemos asumido, que estamos  en los  tiempos del “espíritu del 23 de enero”.  ¿Qué significa esto?… Una sociedad que se rige por la democracia civilista, e incluso, la democracia civilizatoria. Las sociedades que avanzan siguen liderazgos, ideas, a hombres y mujeres sin sus apetencias personales. Estos grupos humanos acompañan a aquellos que los liberan, no a quienes los constriñen, a quienes los unen no a quienes los dividen, a quienes defienden al desarrollo del ser humano como un derecho para todos. Pero una persona que tiene todo el poder en sus manos, termina sintiéndose dueño y señor, y termina oprimiendo bajo cualquier bandera democrática. Termina siendo un tirano.

Quienes no se sienten afectados por lo político, no se dan cuenta de su impacto en lo que sí sienten y padecen: los efectos de la descomposición social. Qué queremos decir? Nos referimos a la corrupción, al menudeo a nivel medio y alto, al desabastecimiento, el alto costo de la vida, la violencia social y la delincuencia. Es sintomático que en vísperas del 23 de enero, en la urbanización del mismo nombre, uno de los colectivos armados haya tomado un bloque de veinte pisos, haya sometido a sus habitantes y luego ajusticiado brutalmente a tres jóvenes. Es sintomático también que una poblada linche a un policía y que sigan muriendo niños asesinados por balas perdidas provenientes de enfrentamientos entre bandas… Y es que se están formando sistemas paraestatales de la corrupción y la violencia. Aparecen señores, baldones y tiranos en otras esferas. Por eso, esta revolución basada en un hombre es un salto atrás.

Ciertamente, Hugo Chávez estableció una conexión emocional con la gente, pero el sistema mediático-propagandístico-cultural  lo ha llevado hasta el límite. Tenemos a una sociedad llegando al paroxismo, una República y un presidente dependiente  de un país extranjero, cuyas autoridades  toman  las decisiones políticas que nos incumben solo a los venezolanos.  Tenemos a una persona que ejecuta esas decisiones y que actúa como presidente sin serlo, porque de acuerdo al TSJ, “hay que preservar la continuidad administrativa”. Tenemos a un Maduro que se ha convertido en un médium: “el presidente dice que …”; y tenemos al presidente como un Dios: “Chávez viene…”.

Hace 100 años, a inicios del siglo XX venezolano, la tesis del gendarme necesario generó un caudillo, una dictadura como solución al “exceso” de libertades que no permitía que se estableciera la República; bajo esa figura se le dio “orden” a la sociedad terminando con los caudillos regionales y las revueltas. Cosas de la historia, en los últimos catorce años, la sociedad y los factores de poder, prácticamente bajo las mismas ideas ―la derecha con sus bases positivistas, la izquierda radical con su determinismo―, apoyaron  a quienes dos veces intentaron un golpe de estado, con la idea del orden, pariendo un caudillo en la era del conocimiento, de la cibernética, de la información. Pero el país político, el país social, está descompuesto, tomado por saqueadores pero urgido de dolientes. ¿A quién le duele Venezuela? A quién le duele de verdad verdad?

Los hechos muestran la vigencia del himno del partido, “sin señor, sin baldón, sin tirano” y de su lema “por una Venezuela libre y de los venezolanos”. Ese es el camino.

Angel Lugo

Secretario Político del CEN de AD