“Ya basta de que todo tenga que estar regulado. Entre ser popular y ser correcto, yo escogí ser correcto” (Carlos Andrés Pérez, 1992)

Por razones obvias, luego de varios años sometiendo la economía a fuertes controles, lo más lógico era que al lanzar la granada, la misma explotase con sus respectivas ondas expansivas, concluyendo en un alza histórica inflacionaria. No obstante, siendo Carlos Andrés un socialdemócrata consumado, a la par de estas medidas de libre flotación, decretó el congelamiento de al menos 18 rubros de la canasta básica en forma preventiva; el salario mínimo aumentó a Bs. 2.000,00 y los subsidios indirectos fueron cambiados por medidas de asistencia directas a los sectores populares. Asimismo, se estableció el famoso “vaso de leche escolar”; los hogares de cuidado diario; seguro de paro forzoso y planes de empleo.

Los resultados de todo lo anteriormente expuesto, posterior al primer “impacto inflacionario” producto de la liberación de precios, fueron los siguientes: crecimiento consecutivo del Producto Interno Bruto; tendencia decreciente de los niveles de precios; aumento de la inversión privada extranjera y nacional –con el consecuente aumento de la Oferta Agregada-, se aliviaron las cargas del estado al privatizar empresas  que generaban pérdidas, y logró la disminución de la demanda de divisas producto del aumento en las tasas de interés reales, razón por la cual el bolívar resultó fortalecido.

Eso es pasado. El “horrendo” y vituperado “pasado” del que tanto se agarró Chávez –y ahora Maduro- para asustar a la gente con “el coco del neoliberalismo”. Chávez escogió ser popular: Estatizó toda cuanta empresa se le atravesó en el camino; regaló extraordinarias sumas –miles de millones de dólares- para comprar adeptos extranjeros mejor conocidos como “los chulos”; estableció un esquema de controles de precios asfixiante; dejó eunuco al BCV restándole cualquier margen de maniobra; sobrevaluó la moneda; acabó con las casas de bolsa como el buen bolsa que siempre fue; colocó de ministros de economía a un par de sinvergüenzas cuyo único mérito fue lamer las botas del militar-comandante-presidente; y raspó la olla de las Reservas Internacionales a tal punto, que hoy Maduro se encuentra con apenas 9% de reservas líquidas en dólares, mientras la base monetaria continúa su crecimiento descontrolado.

De tanto ser popular –y nunca correcto- en política económica, hoy nos estamos enfrentando a la mayor crisis de los últimos años. Tan es así, que el INPC se situó por encima de 4 puntos porcentuales en abril, un índice que países como Chile logran obtener en 24 meses. Nuestra gente es marcada como animales en el brazo, para que no puedan comprar “más harina de la que deben”; en pueblos del interior ya ni pasta dental, y la escasez generalizada –ahora sí- está tocando con fuerza toda el área metropolitana de Caracas, mientras que la ausencia de papel higiénico es justificada jocosamente bajo el alegato de que Maduro lo tiene acaparado en Miraflores. Fracasaron SICAD y SITME. PDVSA se está yendo al foso; estamos  importando hasta gasolina y, la producción nacional ha decaído tanto, que  lo único criollo que nos queda son los malandros, porque hasta el aire que se respira pareciera ser cubano. Se avizora una posible estanflación (estancamiento+inflación) al cierre de 2013, y por supuesto, los pobres serán más pobres. Los chulos del Continente  reclamarán lo suyo sin pedir permiso ni perdón, y Maduro seguirá conversando con pajaritos mientras Iris Varela se alegra de que a media bancada opositora le caigan a golpes. Todo lo anterior, por ser popular en lugar de correcto. Yo prefiero a Carlos Andrés, sin dudas. El demócrata ejemplar que fue de frente y dio la cara.

 

Danny Leguízamo

Economista y miembro de la Juventud de AD Caracas