El gobierno mantiene su acoso contra los medios privados, que no son más que empresas, con dueños e intereses. Pero por mucho que acose, es evidente que el gobierno sigue rodando cuesta abajo.

El tan llevado y traído tema de la venta de Globovisión a un grupo de empresarios supuestamente vinculados con el gobierno y el consiguiente temor en predios oposicionistas de que se hubiese perdido un canal no controlado por el régimen, reaviva el tema siempre polémico del papel que han desempeñado los medios en la política venezolana. Comienzo señalando que no voy a lapidar ni a Zuloaga ni al grupo Cordero-Gorrín-Perdo­mo. Aquel sabrá porqué vendió y estos por qué compraron. Tampoco a los periodistas que se quedaron en el canal ni a los que renunciaron o despidieron. Los televidentes comprobaremos cuál será el rumbo que tomará. A cualquier riesgo diré, para refrescar a los que de verdad o fingidamente tienen mala memoria, que en nuestro país históricamente ningún medio de comunicación privado ha sido neutral en materia política aunque algunos se hubiesen moderado por su exclusivo interés y no por altruismo alguno. Esos medios son empresas que tienen dueños y por consiguiente responden a la ética de los negocios y a los intereses confesables o inconfesables de sus propietarios. No constituyen su único negocio sino que suelen ser pieza o instrumento de otros de igual o mayor importancia que el medio mismo, al que utilizan para favorecer o proteger la otra parte de los negocios corporativos. Son medios de comunicación…. y de presión. Es la pura verdad. Por todo eso siempre pueden ser vendidos y comprados y en ello no hay ni novedad ni pecado. Han tenido sus favoritos políticos, nadie puede negarlo, y han apostado a favor de determinados proyectos y en contra de otros. Así lo testimonia, incluso, la lista de los invitados a los programas de opinión y la cobertura de los eventos de este o aquel partido. Que lo decimos los adecos que nunca hemos sido consentidos ni privilegiados de ningún medio.

Entre los medios privados hubo los que sistemáticamente hicieron lo posible por destruir a la IV después que engordaron en ella hasta el hartazgo. En ella gobernaron más y tuvieron más ministros incluso que los partidos que ganábamos las elecciones. Y actuaron así, unos porque tenían en el buche sus propios candidatos presidenciales y sus propios proyectos antipolíticos en el que los partidos estorbaban, y también porque creyeron que con su propio engendro podrían hacer mejores negocios. Ninguno de los candidatos propios de la plutocracia mediática cuajó y fue cuando resolvieron emprender otros experimentos. Muchas veces esos medios no transmitieron la información veraz y oportuna sino lo que les conviniese y hasta vetaron por años a determinados dirigentes. El Presidente Luis Herrera Campins estando en ejercicio fue vetado a perpetuidad por un canal de televisión cuando prohibió las cuñas de licores y cigarrillos y sólo se lo levantaron cuando reseñaron sus modestos funerales. Derrotaron la Reforma Constitucional del año 1993 hecha por la Comisión Bicameral que presidia el entonces Senador Vitalicio Rafael Caldera, mediante una campaña feroz en la que combinaron ataques de descrédito al Congreso y los congresistas con el black-out de los voceros parlamentarios, sólo porque habíamos incluido un artículo que, además de garantizar la libertad de expresión y prohibir la censura previa, establecía que la información de los medios debía ser “veraz y oportuna”. Sólo El Nacional y El Nuevo País nos publicaban. Los medios favorecieron especialmente a Chávez en 1998 por acción u omisión, de manera directa o colateral. Lo promovieron como nunca antes habían hecho con ningún otro candidato. Luego le pasaron la factura a su Frankenstein y éste se las arrojó en la cara. De estos y otros pecadillos, sólo confiesan sus culpas en privado pero han sido incapaces de rectificar en público porque saben que al final la culpa es siempre de los políticos.

Los medios públicos siempre han resultado ser no del Estado sino del gobierno y su comportamiento ha dependido del mayor o menor pudor que en su manejo han tenido las sucesivas administraciones. En el caso actual, el ahora denominado Sistema Bolivariano de Comunicación e Información (Sibci) es un conjunto enorme de emisoras de radio y estaciones de televisión (algo así como el 80% del espectro radioeléctrico) puesto al servicio de las más inverosímiles mentiras, patrañas y deformaciones prevalido del más descarado abuso para insultar y calumniar impunemente a todo cuanto estorbe o discrepe aunque sea levemente del régimen sin que exista la menor posibilidad de que los ofendidos puedan defenderse. A eso nos hemos acostumbrado. Con todo y eso el gobierno sigue rodando cuesta abajo y el hecho de que este monstruo sea tan grande como ineficiente es lo que lo lleva a mantener en acoso y bajo permanente amenaza a los medios que no están bajo su control, pero eso de nada ha servido. Mientras el Sibci siga exhibiendo comunicadores ganapanes que sólo ahí consiguen trabajo por algún padrinazgo o incondicionalidad y que dan pena porque no saben hablar y leen y escriben dificultosamente, las cosas les van a empeorar. Y los contenidos: No quieren aceptar que seguir transmitiendo discursos del muerto ya no es rentable en un país donde los favores no se agradecen y las necesidades las cargan a las cuentas del gobierno, al cabo de un gigantesco desastre que ya cuenta 14 años y que ahora se manifiesta en toda su tragedia porque se acabaron los dólares tanto para financiarla continuidad del capricho de un megalómano como para comprar comida, medicinas y papel tualé. Esto lo comprende todo el mundo menos, al parecer, la dupla de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, porque hasta Mario Silva lo entendió. Ya pagado un alto precio al haber ejercido su facultad discrecional de no renovarla concesión a RCTV, ahora cometen estupideces como sacar de la “parrilla” medios como Atol y hasta piensan hacerlo con CNN en Español. Dicen que ante este fracaso el gobierno se ha propuesto que todos los medios privados, tanto impresos como radioeléctricos, salgan de las manos de sus actuales dueños para que las líneas editoriales cambien diametralmente, pero advertimos de una vez que eso de nada servirá mientras la inseguridad, la inflación y la escasez de productos de primera necesidad continúe. Sepa el gobierno que el frío no está en las cobijas. Y en cuanto a la oposición, dejémonos de complejos y de lloriqueos “mediodependientes” porque con, sin o contra los medios vamos a llegar al llegadero.

Henry Ramos Allup

Secretario General Nacional de AD

Artículo publicado en el Diario El Nuevo País 2-6-13