El examen del gobierno chavista desde sus inicios hasta la fecha, encaja perfectamente en la clásica tipología del terrorismo de Estado.

En las ciencias sociales se define genéricamente el terrorismo como el uso sistemático o esporádico de diferentes medios de terror o amedrentamiento psicológico o físico sobre las personas o daños a las cosas, de manera selectiva o masiva, incluso contra personas ajenas o extrañas a un conflicto determinado, con la finalidad de coaccionarlas para que procedan contra su propia voluntad o para inhibirlas de hacer lo que deseen y con esto lograr propósitos políticos específicos. Aunque su empleo es muy antiguo (Maquiavelo lo recomendaba tres siglos antes de la Revolución Francesa como un instrumento del Príncipe para controlar el Estado o conservar el poder), adquirió fama y connotación con la dictadura del Comité de Salud Pública de Robespierre, Saint-Just y los Jacobinos (1793-1794), cuando implantaron el gobierno del Terror para depurar la revolución de los elementos que consideraban nocivos e implantar el régimen de la “virtud”.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, los populistas rusos emplearon sistemáticamente el terrorismo selectivo contra personalidades de la nobleza y del régimen zarista como medio revolucionario para derribarlo, y éste respondió con no menor ferocidad para liquidar a todos los elementos opositores. Pero nadie como los bolcheviques dirigidos por Lenín, Trotsky y después Stalin, utilizaron las más variadas formas de terror contra personas y colectividades, no sólo como instrumento para primero hacer triunfar la revolución y después mantenerse en et poder, sino para hacer de él un verdadero sistema permanente de gobierno. Es memorable la obra Terrorismo y Comunismo de León Trotsky (junio de 1920), escrita como libelo contra quienes dentro del mismo campo revolucionario y marxista (por ejemplo Karl Kautsky), se oponían al empleo del terror para derrotar a los adversarios de dentro y fuera de! partido bolchevique, mantenerse en el poder y echar adelante la revolución. Comunistas profesantes del terrorismo como Mao, Pol Pot y los hermanos Castro, elevarían el uso del terror de Estado a niveles jamás imaginados.

Como puede notarse en esta breve explicación, el terrorismo puede ser del Estado o de la oposición, selectivo o masivo, como acción o como reacción, para conquistar el poder o mantenerlo, para hacer una revolución o para detenerla o acabarla.

El examen del gobierno chavista desde sus inicios hasta la fecha, encaja perfectamente en la clásica tipología del terrorismo de Estado, y no me detengo ni un instante en sus cuestionables aspectos motivacionales y sustantivos en lo que a la defensa de la revolución se refiere, porque la palabreja ha sido apenas un pretexto para denominar el saqueo y robo perpetrado a mansalva durante todos estos años a pretexto que una ideología vagarosa cuyo contenido jamás pudo definir ni siquiera el ilustre muerto que la inventó para emplearla como elemento rudimentario para mantenerse a toda costa en el poder y para intimidar, inhibir y castigar a sus adversarios e incluso contra los meros sospechosos de serlo tanto dentro como fuera de su grupo partidario.

Terrorismo de Estado son todos los poderes públicos puestos al servicio incondicional del régimen, los juicios sin delito y sin defensa contra los adversarios políticos con base a expedientes prefabricados y ocultos, el forzamiento de pruebas, el copamiento de los medios de comunicación de masas y del espectro radioeléctrico en general con su coda de censura y autocensura, el uso sistemático de las fuerzas armadas y policiales y de tos organismos de inteligencia civiles y militares contra los adversarios ciertos o supuestos, las pandillas armadas y los colectivos paramilitares que operan impunemente bajo el estímulo y amparo oficiales, el fisgoneo, la intercepción de todo tipo de comunicaciones, el uso de todos los poderes para el ventajismo y la persecución de tos adversarios, la legislación ad-hoc, las leyes habilitantes para amenazar y penar selectivamente, los recursos del Estado puestos todos al servicio del ventajismo del régimen, las listas de proscripción Tascón y Maisanta, el trato discriminatorio a los ciudadanos según sus simpatías partidistas, los agavillamíentos físicos y morales, la calumnia, la extorsión y pare de contar. Ejemplos palmarios de víctimas del terrorismo de Estado lo constituyen Iván Símonovis, María Lourdes Afiuni, Carlos Ortega, Manuel Rosales, Rafael Poleo, los botados de PDVSA y pare de contar. Toda forma de terrorismo es condenable, pero más aún lo es el ejercido por quien en vez de actuar como juez hace el papel de verdugo.

@hramosallup