Carlos Oteiza nos regaló una obra cinematográfica colosal, sublime. Un documental sobre la época que va desde el derrocamiento del presidente Rómulo Gallegos, el primer gobierno elegido mediante elecciones populares, hasta la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez.

El horror de la dictadura de Pérez Jiménez es perfectamente plasmado en esta película-documental, donde se describe como, mientras el régimen construía obras públicas en Caracas, las cárceles estaban abarrotadas de presos políticos perseguidos por Pedro Estrada y eran torturados mediante golpes, patadas, batazos, encierros inhumanos, latigazos o montándolos con los pies desnudos en un rin de carro durante horas, como lo cuentan los verdaderos protagonistas de esta película: Isabel Carmona de Serra, Pompeyo Márquez, José Agustín Catalá, Teodoro Petkoff, Américo Martín, Simón Alberto Consalvi o Enrique Aristigueta.

A medida que la película iba avanzando, era inevitable para mi el hacer una comparación con el actual gobierno chavista. Y mi conclusión fue muy clara: Chávez se maneja como lo hizo el dictador Pérez Jiménez.

Cuando más fuerte se hizo el gobierno perezjimenista fue en la época de repunte del precio del petróleo, lo que logró que el gobierno vendiera al mundo que aquí se hacían muchas obras públicas. En la actualidad este gobierno se basa en su incomparable ingreso petrolero para, con dinero público, pisotear a todo el que tenga un pensamiento distinto.

Pérez Jiménez se arropó bajo el manto de una supuesta legalidad con la promulgación de la Constitución de 1953 creada por una Asamblea Constituyente hecha a la medida, tal y como lo hizo Hugo Chávez en 1999. Así, buscaba que no lo llamaran dictador, sin saber que nadie da ese título, sino que las acciones llevan a ese nombre.

El “Nuevo Ideal Nacional” fue un plan de exaltación exacerbado del nacionalismo donde los venezolanos, en los años cincuenta, debían venerar a las figuras patrias, especialmente a Simón Bolívar y a otros héroes militares. Tal como sucede hoy, que hay un movimiento hipernacionalista que recuerda a los mejores tiempos del fascismo romano, aquel Nuevo Ideal Nacional buscaba cambiar los valores del venezolano, como pretende hacerlo el chavismo con su fulano “hombre nuevo”.

El general tachirense era un fanático de las grandes exhibiciones militares: la avenida principal de Los Próceres se llenaba de miembros de los componentes armados que iban a rendir pleitesía al dictador, como al presidente Chávez le encanta. Otra pasión que ambos mandatarios tienen en común es la de comprar armas de guerra y prepararse para una supuesta invasión que nunca llegó en ese entonces y no llegará hoy día.

Pérez Jiménez contaba con Pedro Estrada, que era el perro de caza que se encargaba de perseguir rabiosamente a todo aquel que se considerara de oposición. El actual gobierno tiene sus propias Pedro Estrada en las dos Luisas, la Morales y la Ortega, quienes se encargan de aniquilar, política y personalmente, a los opositores.

Aquella época se caracterizó por tener una prensa oprimida, censurada, que solo hablaba bien del gobierno, so pena de ser cerrada y encarcelado su jefe de prensa. Es esa hegemonía la que desea con todas sus fuerzas el chavismo. ¿Cuanto no quisiera Hugo Chávez tener a todos los medios de comunicación sumisos, que solo digan las cosas buenas que el gobierno se invente? Una prensa que de por buena la tesis de que las iguanas provocan apagones masivos y los rayos incendian refinerías.

El general se preocupó mucho por su reconocimiento y estatus internacional, como hoy lo hace Hugo Chávez creando Unasur y el Alba.

El gobierno perezjimenista, como el chavista, tuvo muchos presos políticos. Hoy la doctora Afiuni y su abogado, Simonovis, Henry Vivas, Biagio Pillieri, Mazuco, Nixon Moreno, Rubén González, y muchos otros más, unos aun presos, son el vivo ejemplo de la cercanía entre el pensamiento de ambos mandatarios.

La película de Carlos Oteiza, además de su valor cultural, nos queda como recordatorio de lo que ya ocurrió, ocurre y puede ocurrir en Venezuela.

Manuel Rojas Pérez

Responsable Nacional de Capacitación y Doctrina de AD