Se atribuye al futurólogo Herman Kahn la afirmación según la cual  hay países que botan su futuro cada diez años.  Se podría que decir que el nuestro está en ese grupo.

Desde el 18 de febrero de 1983 Venezuela parece haber quedado atrapada fatalmente en el péndulo de controles de cambios para restringir la salida de divisas y ensayos nunca muy extendidos en el tiempo de libre convertibilidad de la moneda.

Las medidas de febrero de 1983 pusieron  fin a 22 años seguidos de estabilidad y libre cambio del bolívar. De allá para acá hemos tenido (hasta ahora) 18 años de  control de cambio: 1983-1989, 1994-1996 y 2003-2013 (el más extendido). Versus 12 años de tipo de cambio libre: 1989-1994 y 1996-2003.

Adivinen en cuales períodos se devaluó más el bolívar.

Pero como no estamos solos en el mundo, las comparaciones pueden ser útiles, puesto que nuestro primer “viernes negro” fue parte de la crisis económica latinoamericana de los años ochenta.

Resumiendo la historia se podría afirmar que todo empezó cuando a fines de 1979 la Reserva Federal de los E.E.U.U comenzó a aplicar políticas monetarias restrictivas al dólar, a fin de frenar la creciente inflación de ese país por esa época, lo que provocó un incremento inmediato de las tasas de interés en dólares y sumergió a esa economía en una profunda recesión.

La victimas colaterales de esa política fueron los países latinoamericanos.

Todos venían de endeudarse fuertemente en dólares durante la década de los sesenta, y casi de la noche a la mañana  vieron  que el  servicio de sus deudas se disparaba, mientras que el valor de sus productos de exportaciones descendía.

Las consecuencias en todos fueron muy similares (aunque en distintas magnitudes): enormes devaluaciones de las respectivas monedas nacionales, inflaciones fuera de control, caída de la actividad económica,  malestar social y conflictos políticos.

El primero en caer fue Brasil en 1980. Le siguió la Argentina en 1981 y lo mejor que se le ocurrió a la Junta Militar para desviar la atención fue invadir las islas Malvinas.

Luego le tocó el turno a México en 1982, cuyo gobierno impuso un control de cambios y suspendió el pago de la deuda externa.

Casi ningún país de la región escapó a la tormenta: Chile, Perú, Bolivia, Ecuador…De modo que visto así las cosas no es de extrañar que Venezuela hiciera crisis en febrero de 1983. Aquello fue el inició de lo que luego se denominaría como “la década perdida”.

Lo particular del caso del caso venezolano es que fue el último país en caer en crisis y por lo visto fue el único que hasta ahora no ha salido.

Porque durante esos treinta años nuestros vecinos padecieron brutales crisis económicas, enormes devaluaciones, hiperinflaciones y sucesivos ajustes económicos. Todos reestructuraron sus economías, las abrieron a los mercados mundiales, se recuperaron, volvieron  caer, para luego volverse a recuperar. Se cayeron dictaduras militares, gobiernos autocráticos accedieron a aperturas democráticas. Fueron electos gobiernos civiles y gobiernos civiles fueron derrocados.

La segunda década del siglo XXI toma a América Latina en su conjunto en condiciones económicas bastante distintas a las de hace treinta años. Como consecuencia del incremento del valor de los productos de exportación latinoamericanos  en los mercados mundiales, a políticas macroeconómicas más prudentes, más estabilidad y mejor ambiente para inversión, uno de los problemas económicos de países como Colombia, Perú, Chile, Brasil o México es paradójicamente la revaluación de sus monedas con respecto al dólar. Exactamente lo contrario a 1983.

Por cierto, ninguno de los mencionados anteriormente aplica hoy control de cambio.

¿Cuáles son las notables excepciones entre los grandes países latinoamericanos?: Argentina y Venezuela. Curiosamente los dos países más ricos en recursos naturales en proporción a sus poblaciones.

Treinta años después a los venezolanos el pasado nos volvió a alcanzar.

Pedro Benítez

Secretario Político del CEN de AD