Este gobierno que nació debilitado por un resultado electoral cuestionado, en vez de tratar de consolidarse con una política conciliadora en lo interno e integracionista en el contexto del Continente americano, hace exactamente lo contrario. El problema parece estar ubicado en el trípode de poder donde descansa el régimen: Maduro, Cabello y Ramírez, ninguno de los cuales está preparado para gobernar una gran nación como Venezuela. Parece que dedicaran todos los esfuerzos en mantener sus cuotas de poder y equilibrar el inestable piso político que las mantiene a flote, pero los resultados están demostrando lo contrario y en cualquier momento se les desmorona la plataforma crujiente que los sostiene.

En el frente interno, este gobierno debió comenzar una política diferente a la ejercida por Chávez, habida cuenta de que el balance ha sido desastroso y eso que el difunto contaba con un indiscutible liderazgo que le permitió mantener esa actitud negativa sin desmoronarse completamente; pero con su repentina e inesperada desaparición y el terrible vacío de poder que produjo, los “mochos” tenían que juntarse para remediar el entuerto y están haciendo lo menos sensato: continuar con la desgastante política del pleito interno contra todos los sectores de la sociedad venezolana.

Ahora bien, no contentos con esa política suicida en lo interno, el inefable Presidente Maduro se pelea hasta con los vecinos más cercanos, con los que Chávez había logrado una “entente” más o menos estable. Además, se continúa con una política de estrecha ligazón con los países del medio oriente que mantienen una guerra religiosa contra occidente, sin darse cuenta que nuestra ubicación geográfica es la mayor ventaja comparativa que tenemos para liderar en el continente una política integracionista, que coadyuve a mejorar los términos del intercambio con las grandes potencias, tanto la norteamericana como las europeas así como con China y Japón.

Un verdadero hombre de Estado como Rómulo Betancourt, quien siempre estuvo consciente de nuestra vulnerabilidad en los términos del intercambio con las grandes potencias, no sólo por la política ejercida por sus gobiernos sino por las necesidades de expansión de sus capitales insensibles, afirmaba que el único camino posible para el desarrollo de los países del hemisferio era con una política coherente de integración, para romper la dinámica de la explotación de nuestros recursos naturales sin una contraprestación justa y equitativa.

Rómulo Betancourt afirmaba que: “articuladas sus  veinte economías dispersas, creándose un intercambio comercial intrarregional, América Latina podrá adquirir un vigoroso desarrollo industrial y dejar de ser concurrente al mercado mundial con solo productos primarios a precios sometidos a constante deterioro”. Además, estaba convencido de la necesidad de impulsar grandes programas de formación de capital físico infraestructural para que estuviésemos preparados para los grandes retos del siglo XXI. Sólo por citar un ejemplo: en el período de su mandato como Presidente (1959-1964) se logró reducir el analfabetismo de 39% a menos de 12% y se alfabetizaron 1.391.615 adultos. El número de escuelas pasó de 7.000 a 13.000, el de maestros de 21.000 a 40.000 y el de alumnos de 750.000 a 1.400.00.

Después de dejar la presidencia Rómulo, en su libro sobre la integración latinoamericana, en 1967 y citado por Gumersindo Rodríguez (Rómulo Betancourt y la Siembra del Petróleo. Caracas 2012) afirmaba: “Ya la cruzada integracionista cuenta con su manifiesto técnico (Presentado por sus técnicos al Presidente de Chile Eduardo Frei) y no podrá decirse que se trata de un romántico soñar de gentes que por exceso de idealismo no ponen los pies sobre la tierra, ni buscan asidero en la realidad. En ese documento se señala la urgencia de que se integren las flotas aéreas y marítimas de la región en empresas unificadas latinoamericanas; y de que se intercomuniquen los países, en la época de los satélites, en una vasta red común de tele-radio. Dentro de ese programa debe señalarse la avanzada etapa de ejecución de la carretera Panamericana y la consideración que están dando los países de la zona amazónica al imaginativo proyecto de la Carretera Marginal de la Selva, propuesta por el Presidente Belaúnde Terry del Perú”.

Salta a la vista la diferencia entre gobiernos dirigidos por hombres de Estado y otros manipulados por gente inexperta, indolente y como dijera Betancourt: “de vuelo gallináceo”. Estos sólo conducen al caos y a la ruina de nuestros pueblos.

Antonio Ecarri Bolívar

Vice-Presidente de AD