Tener que perder el tiempo, miserablemente, en debatir con algún dirigente político de la oposición venezolana luce innecesario, porque deberíamos estar dedicados, a tiempo completo, en la tarea más loable de enfrentar a nuestros verdaderos adversarios: aquellos que han llevado a la ruina a Venezuela, en estos 14 años de desgobierno. A pesar que nos luce innecesario, nos vemos obligados a responder al señor Julio Borges, para hacer el esfuerzo de sepultar, de una vez por todas, esa manía presente en algunos de los más connotados dirigentes del partido Primero Justicia de comparar, torpe y odiosamente por lo reiterativo, a los gobiernos de Acción Democrática con este desastre de desgobierno chavista.

    Ese empeño de Julio Borges de comparar el desastre de este régimen con un gobierno de AD, es la reiteración de unas declaraciones similares, emitidas públicamente durante la campaña electoral pasada por un destacado compañero suyo zuliano, las que fueron respondidas en su oportunidad por nuestro Secretario General Henry Ramos Allup, cuando le dijo con justa indignación: “Mala práctica que para poder criticar los abusos de este gobierno, tengamos que pagar el peaje que nos ha impuesto el chavismo de tirarle piedras a un pasado del que en mayor o menor medida todos provenimos y del que mucho tenemos para enorgullecernos y muy poco de que avergonzarnos. Torpe ejercicio de autoflagelación. De la IV venimos todos, incluso nuestro candidato Henrique Capriles, quien fue diputado por el Zulia y Presidente de la Cámara de Diputados. De mi Partido, que tiene en su activo haber ganado cinco elecciones presidenciales y perdido dos por estrecho margen, aprendí que el partido del candidato tiene que hacer más esfuerzos que nadie para ganar, que hay que sumar, tratar con guante de seda a los aliados de la coyuntura, incluir y no excluir, no comportarse con arrogancia sino con humildad y no agredir en público para adular en privado”.

Comparar los desastres cometidos por este régimen con el gobierno de Carlos Andrés Pérez y AD es un despropósito que tergiversa aviesamente la historia, pues hay que precisar que Carlos Andrés se encontró con una difícil coyuntura nacional e internacional, de bajos precios petroleros y un déficit colosal, por lo que la situación ameritaba la aplicación de una nueva estrategia de desarrollo. Esta debía generar mayor equidad social, más eficiencia económica y profundizar el desarrollo cultural. Pero alcanzar estos objetivos, a su vez, implicaba adoptar una política redistributiva más eficiente, que se tradujera en altos niveles de empleo y mejores condiciones materiales y culturales; implantar un nuevo modelo competitivo que permitiera incorporar a Venezuela a las corrientes económicas mundiales a través de una reconversión industrial dirigida hacia la exportación; transformar al Estado haciéndolo responsable de la prestación eficiente de servicios públicos y sociales.

Sin embargo, nada de esto se pudo concretar porque todos recordamos que antes de poner en prácticas estas medidas ocurrió el “Caracazo”, luego los golpes de estado fracasados pero que sumieron al país en un deslave político que golpeó las instituciones, la anti política hizo de las suyas y apareció “el Salvador de la Patria” y el resto es historia conocida, no sólo se desbarató todo el entramado que trató de construir Carlos Andrés Pérez, sino que fue procesado injustamente y como gran demócrata acepto que lo enjuiciaran sus enemigos. Cuando Chávez comienza su gobierno con una sólida mayoría popular de respaldo, sin embargo su política económica no sólo acabó con la iniciativa privada y desmontó toda la institucionalidad democrática, forjada por AD en más de 70 años de lucha, sino que hoy día su sucesor mantiene la misma política incoherente y desacertada que ha hundido el país. ¿Cómo entonces Borges pretende comparar  esta locura con la sensata política que se trató de implementar y que fue saboteada por la izquierda atrasada y la derecha recalcitrante y borbónica (por aquello que ni olvida ni aprende) de la cual Borges parece querer asumir su liderazgo?

Que nadie se equivoque con nuestras política unitaria, ella no es síntoma de debilidad, sino de claridad frente a un régimen que quiere acabar con la libertad y la democracia, pero tampoco vamos a tolerar indefinidamente los atropellos y las comparaciones abusivas de quienes tienen “memoria larga pero muy poca memoria corta” (Ramos dixit). Hablar, a estas alturas, de los errores de gobiernos adecos del pasado y olvidar incidentes de corrupción como los de PDVSA provoca… ¡hasta recordárselos! No nos siga jurungando señor Borges que del balance de nuestro pasado los adecos nos sentimos orgullosos, no sabemos si del suyo usted sienta lo mismo. ¡Basta Ya!

Antonio Ecarri Bolívar

Vice Presidente de AD