Algunos quisieran que la Unidad fuese como el madurismo: que perrunamente sus cuadros acepten sin chistar las decisiones (normalmente malas) de una sola persona. En la Unidad no sucede eso. Cada quien tiene su posición, su razonamiento, pero al final del día se llegan a acuerdos políticos.

En una asamblea de vecinos en la plaza Los Palos Grandes, Henry Ramos Allup dijo que “…si peleo con mi esposa ¿cómo no voy a discutir con Julio Borges que no es nada mío?” Con ese jocoso comentario, el secretario general de Acción Democrática quiso destacar que en la Unidad hay distintas visiones de país, pero al final, se logran los acuerdos políticos.

Y la historia ha demostrado que la unidad en política genera, regularmente, conclusiones favorables para los países. Durante la dictadura perezjimenista, adecos, copeyanos, urredistas y comunistas se juntaron con el único fin de derrocar al tirano. Luego de 1958, lo partidos democráticos firmaron el pacto de Punto Fijo como acuerdo de gobernabilidad y darle sostenibilidad a la gesta democrática lograda el 23 de enero de 1958. En Chile se unieron todos los partidos para sacar del poder al gorila.

AD ha sabido siempre que la unidad política es necesaria en tiempos de crisis. En el informe político presentado el 12 de agosto de 1958 por Rómulo Betancourt, entonces presidente del partido en su IX Convención Nacional, señaló:

“El CEN, después de analizar escrutadoramente la situación política del país postdictadura, trazó los siguientes rumbos a su vasta militancia en toda la República:
1. Defender la tesis de unidad nacional, conservando la representación que había tenido dentro de la Junta Patriótica en las etapas precursoras del 23 de enero y contribuir a mantener ese organismo como símbolo de la unidad nacional, pero coincidiendo con la casi totalidad de los Partidos en él representados en que estando ya en funcionamiento normal las colectividades políticas no resultaba aconsejable que ese organismo invadiera campos reservados a los Partidos.
2. Mantener con los otros Partidos un acuerdo, que en el léxico de estos días ha recibido el nombre de tregua política. Propusimos de primeros que los Partidos durante un tiempo determinado no sacaran sus efectivos a la calle, sino que realizaran en locales cerrados sus labores de organización, adoctrinamiento y proselitismo; y ello porque pensamos que en un país en el cual durante tantos años estuvieron yuguladas las libertades ciudadanas, podría ser esa presencia masiva de la militancia partidista en la calle un motivo de alarma para sectores sociales tan influyentes como asustadizos, y un buen pretexto que esgrimir por los sectores dictatoriales incrustados en organismos del Estado. La tregua política comportaba y comporta la renuncia a la querella interpartidaria y el empeño para buscar soluciones conjuntas a los problemas políticos, económicos y sociales que dejó el despotismo al país”.

La Unidad, ya lo decía Rómulo, es necesaria. Un pacto de gobernabilidad con todos los partidos políticos que creen y buscan la democracia (por supuesto, el PSUV no cumple con estos requisitos) es clave para poder llevar este país adelante, a pesar de Nicolás Maduro.

Por ello, aprovechando que aun estamos en época de campaña electoral, como ciudadano, como venezolano, como uno más que sufre a esta desgracia que heredamos del muerto aquel, le pido que salga el 8 de diciembre y vote abajo y a la izquierda por la tarjeta de la Mesa de la Unidad. Aproveche la oportunidad para protestar contra un gobierno que lo tiene viviendo mal, sufriendo para comprar harina para hacerse una arepa, malviviendo con un sueldo miserable que se convierte en agua entre los dedos. Vale la pena votar por la Unidad para que en su calle no siga llena de basura o que las calles no estén a oscuras.

Dese un buen gobierno municipal, ratifique a esos buenos líderes municipales o saque a esos malos alcaldes y concejales maduristas y demuestre que no quiere las políticas absurdas del gobierno nacional. Hágase ese favor: vote por la Unidad, abajo y a la izquierda en su tarjetón electoral.

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