La Universidad está en la calle, decía en estos días un dirigente gremial. En Twitter alguien expresaba que la crisis universitaria podía poner al Gobierno de Nicolás Maduro en la calle. Al margen de las posturas de fanatismo, el salario del personal docente universitario, con más de cinco años sin aumentos, refleja parte de la farsa de este régimen autocrático; el sentido de la educación, así como el valor del trabajo y el valor de la persona humano, le tienen sin cuidado a los gestores de la “robolución bonita”.

El régimen político en Venezuela ha buscado -y, hasta ahora ha logrado- mantener en el poder a un grupo de venezolanos no por su eficiencia en el ejercicio del Gobierno, no por su fuerza en la justicia social ni por el compromiso real hacia los más pobres. Por el contrario, la existencia de clases cada vez más depauperadas, cada vez que la injusticia impera en el régimen judicial, en la desfachatez gubernamental, en el maltrato al más pequeño, al pobre; el régimen se ve como más satisfecho, más auténtico, más realizado en sus objetivos más oscuros y elevados: mantener en el poder a los líderes de la “Robolución” por encima de todos y de todo.

En estos días, en Gaceta Oficial se publicaba la disponibilidad presupuestaria para la cancelación de los incrementos laborales del personal militar y civil adscrito a las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB). De igual forma, el pasado martes, la Asamblea Nacional, con mayoría oficialista aprobó los fondos para remodelación de embajadas, viáticos y pasajes para el funcionariado adscrito a la Cancillería venezolana.

Sin demeritar los casos enunciados, que sin lugar a dudas forman parte de la realidad presupuestaria nacional, no vemos la paridad de importancia entre éstos y las gloriosas e indispensables Casas de Estudio e Investigación Nacional, de las cuales se forman nuestras generaciones profesionales, nuestros profesionales comprometidos con su pueblo. Salvo que, veamos los dos sectores que “al voleo”  hemos señalado, como enmarcados dentro del objetivo supremo del régimen que hemos identificado y definido: el mantenimiento del actual grupo político en las “alturas del poder”.  Es lo único que se nos ocurre, no puede haber otra explicación.

Ser profesor universitario es –mantenerse en un esquema de vida familiar y social- prácticamente de los más bajos de la escala salarial nacional. Algún filósofo de pasillo recordaba: “…ser profesor es como el crimen, NO paga…”

Este drama profesional, para individuos dedicados a la labor universitaria, a la investigación, a la concurrencia a Foros, Seminarios, Congresos… implica valerse de una fuerza personal y familiar realmente sobrehumana. ¿Quién puede querer constituirse en Docente (facilitador-profesor) universitario si no va a poder dar a su familia una vida digna y acorde a su alto nivel de preparación académica? ¿Qué docente universitario va a querer mantenerse en unas universidades sin concursos, sin presupuestos adecuados, sin renovación de equipos e infraestructura? Una total injusticia con la Universidad venezolana, con la Universidad autónoma y la Experimental, esta última politizada e intervenida por 14 años de insensatez, de desaciertos, de infortunios,  administración tras administración rectoral…

No nos gustaría ponernos en los zapatos del Presidente Nicolás Maduro, paseando por Roma, reuniéndose con el Papa, pero sin permitir a los docentes un reconocimiento a un salario justo y a  la deuda universitaria de más de 5 años sin incrementos… ¿emiten deuda pública para PDVSA, pero para cancelar el salario de los docentes universitarios, ni agua? Plato fuerte a degustar para los 100 días de Maduro, en los 14 años de desaciertos de la “Robolución bonita”…

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado en www.eluniversal.com