Todo proyecto de desarrollo es potencialmente una utopía, en primer lugar por la dosis de optimismo que tiene implícito en sí mismo y  en segundo lugar por la dosis de escepticismo que conlleva la humana resistencia al cambio que implica cualquier proyecto de esta naturaleza. Es por esto que los proyectos de desarrollo siempre estarán de la mano de personas que en principio tengan un pensamiento positivo y además tengan el desarraigo necesario  a los paradigmas establecidos en el área en la cual se desenvuelvan. Desarrollo entonces lo podemos interpretar como cabios de paradigmas en función del mejoramiento de las condiciones existentes en un momento determinado.

Por otro lado existe la percepción subjetiva del concepto de desarrollo en cuanto a lo que implica mejoramiento de condiciones existentes, sin embargo hay parámetros que la misma condición humana establece como puntos de arranque y que a través de los tiempos se han ido estableciendo conformando lo que se ha ido denominando como derechos humanos fundamentales, y es que no se puede concebir un proyecto de desarrollo que deje de lado dichos derechos ni el bienestar de la población como objetivo final.

Es por lo expuesto que no deja de preocuparnos que en nuestro país no tengamos definido un proyecto de desarrollo establecido mas allá de acciones puntuales y espasmódicas que obedecen a situaciones de emergencia, reclamos sociales o a ofertas que obedecen a eventos electorales tales como la fiesta del asfalto, la ruta de la empanada, barrio adentro, etc. No se está en contra de estas acciones que podrían equipararse con los programas sociales de antaño que hoy se les denomina misiones. Lo que se reclama es que no existe un programa, un plan de  desarrollo integral del país en el cual se plasmen los objetivos a corto, mediano y largo plazo en función de lo que subjetivamente tengan los que tienen las riendas del país pensado hacia donde tenga que ir el destino y desarrollo de nuestra patria.

Tenemos así que un funcionario declara que en cien días solucionará la crisis eléctrica, otro que asevera que en noventa días tendrá la vialidad del país funcionando óptimamente, solo por poner dos ejemplos, que no denotan más que el total desconocimiento del tema y la problemática que están manejando.

En todo caso no existe en la palestra nacional un proyecto de desarrollo del país sobre el cual discutir, estar de acuerdo, diferir, aportar propuestas, experiencias para coadyuvar en conjunto a la utopía de un mejor país.

La propuesta es: seamos utópicos en pro del bienestar de esta bella nación.

RAE: utopía: Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.

Félix Ojeda Oropeza

Jefe de la Fracción Nacional de Ingenieros de AD