Venezuela es un país que pudo haber dado mucho. No queremos referirnos con ello a que el Estado venezolano debería haber continuado ni con la política entreguista de la zona en reclamación del Esequibo, ni mucho menos con la labor paternalista/populista que denota no un desapego a las riquezas nacionales sino un despilfarro y total ausencia de lo que debe ser un gobierno, de lo que debe ser el futuro sustentable de una nación y de cuál es nuestra real función en cuanto a la temporalidad como individuos en situación de gobierno y en cuanto a años de vida.

Cuando vemos la infraestructura de nuestra nación y lo cotejamos con los niveles de ingresos de los últimos 15 años, con tristeza nos acercamos a la cruel realidad. El chavismo/madurismo no solo hipotecó a Venezuela, sino que quizá la enrumbó hacia la tierra de nunca jamás. No un lugar mítico de historietas infantiles, sino un desconocido lugar del cual nuestras generaciones futuras verán el fruto de la negligencia, la ineptitud, la incapacidad, el despilfarro y el total desprecio por un futuro digno y adecuado de nuestra gente.

Ante esa realidad estamos ahora. Nunca un gobierno nacional desaprovechó en forma tan continuada e irresponsable los recursos otorgados por la naturaleza al suelo patrio. Hubo delincuentes –hubo peculado– pero la justicia de aquella “vieja república” sabía, incluso, destituir presidentes una vez agotados los recursos institucionales y determinado falta alguna. Acción Democrática tuvo la obligación histórica, con certeza o no, de aplicar a un militante de su tolda tamaña decisión. Amañada, compartida, discutida o no, fue una lección política que no debe avergonzar, por el contrario, da un sentido de historia real a nuestra tolda política. Muchos bajo este régimen no pueden mostrar en absoluto ni sus ingresos ni su nivel actual de vida: pero sigue siendo estratégico para el régimen hablar de corrupción como estrategia electorera, aunque nadie les crea. Así corre el reciente caso de la Alcaldía de Valencia con un “afecto al régimen” al que se le imputan presuntos delitos, los cuales no se sabe si forman parte de un retaliación política más que como una “verdadera lucha contra el peculado”.

Amanecerá y veremos -dicen popularmente.

Ante todo esto nos preguntamos: ¿Cuál es el proyecto de país que tenemos? ¿Regalar el petróleo entre “nuestros hermanos de Latinoamérica y el mundo? Estamos ante una encrucijada sembrada por la irresponsabilidad y la ligereza del manejo de los fondos públicos. Queda preguntarse: ¿Qué hacemos?

Al ciudadano común lo que le queda es el voto. El 8 de diciembre hay una primera oportunidad. Ya las encuestas reflejan una pérdida del apoyo popular del gobierno chavista/madurista en todo el país. Hagámoslo realidad, concurramos a votar y demostremos nuestro descontento, que traiga un cambio. ¡Pueblo de Venezuela, tienes la palabra!

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

@rafaelmartinezn / El Universal