De todos es sabido que, desde hace mucho tiempo, Teodoro Petkoff o “Simón Bocanegra” llama a Hugo Chávez “Chacumbele”, por el recuerdo de aquella guaracha cubana que el Editor de Tal Cual explica, a las nuevas generaciones que no conocieron la vieja pieza musical, de la siguiente manera: “el estribillo de aquella canción decía: ´pobrecito chacumbele…el mismito se mató´, es decir, la metáfora evoca al tipo que se daña a sí mismo, con sus propios actos. Exactamente el caso de Yo-El Supremo, quien cual el habanero de la guaracha, no pocas veces procede de tal modo que se daña a sí mismo. Lo cual no sería tan grave si no fuera porque cada vez que ´el mismito se mata´ le hace traquetear los huesos al país y sus gentes”.

Lo que ocurrió en la Asamblea Nacional el martes pasado, autorizando una prórroga para la juramentación presidencial que correspondía hacerla ayer, denota que los parlamentarios oficialistas pretenden emular a “Yo-El Supremo” en decisiones donde “ellos mismitos se matan”. Es asombroso, por decir lo menos, que la bancada opositora tratara de sacarle las castañas del fuego al régimen, dándole la fórmula constitucional para salir del atolladero, pero… ¡no la aceptaron! Prefirieron, entonces, poner en peligro todo el entramado institucional de la República para diferir un pleito interno al que van a tener que enfrentar tarde o temprano. Digámoslo de una vez por todas, el problema que se discute no es la presidencia de Hugo Chávez, sino que acaba de fenecer un período constitucional y, con él, el gobierno que fue designado para ese término. Después del día de ayer tenemos en Venezuela un gobierno de facto y eso no solamente lo saben los dirigentes democráticos, sino también los aventureros de derecha o izquierda que siempre están al acecho para asaltar el poder por cualquier vía non sancta. He allí el peligro de andar emulando a “Chacumbele”.

Todo el mundo sabe, hasta lo menos avezados en el tema, que existe una guerra no declarada, por ahora, en lo interno del chavismo por el control del poder, por el manejo discrecional de la chequera petrolera; y esa arruga la pueden correr, pero existe y se pondrá de relieve en cualquier momento, porque el juego que está planteado no es de “carritos” sino de una cosa tan seria como lo es el control de todo el aparato del Estado y su orientación para los próximos años.  Ahora bien, cabría preguntarse si este “chacumbelismo” ¿es solamente interno, en Venezuela, o tiene connotaciones internacionales?

Lo más preocupante de este enredo es la implicación internacional, porque se han inmiscuido en los asuntos soberanos y privativos de los venezolanos no sólo los cubanos, sino nicaragüenses, bolivianos, brasileños y argentinos que han conformado no “una internacional de las espadas”, pero sí una “internacional de la chulería” para mantener los pingües negocios que les ha deparado el petróleo, manejado irresponsablemente por lo que han dado en llamar “la solidaridad proletaria internacional” cuando se trata, más bien, de la “solidaridad internacional del pillaje, la piratería y el contrabando”. ¿Remember Antonini Wilson? Es apenas la punta del iceberg.

Estamos ante una situación verdaderamente crítica y lo más increíble, por lo preocupante, es que esta crisis ha sido generada por quienes debían ser los interesados en conjurarla. Ahora, lo verdaderamente “real maravilloso” de esta rocambolesca situación es que lo que está haciendo el gobierno y sus aliados parlamentarios favorece únicamente a la oposición democrática, pero ésta responsablemente cree, con mucha razón, que hacerle comparsa a ese “chacumbelismo” puede echar por la borda todos sus pacientes esfuerzos de construir una alternativa democrática, pues de persistir esa actitud suicida del oficialismo podría, entonces, ocurrir lo que los sensatos no queremos que ocurra: que cualquier “sargento” se aproveche de la anómala situación, para dar un zarpazo a lo que queda de institucionalidad democrática y allí sí que, por culpa de estos “chacumbeles”, le “traquetearán los huesos a todo país y a toda su gente”. ¡Dios nos agarre confesados!

Antonio Ecarri Bolívar

Vice-Presidente de AD