A casi dos meses de las elecciones llevadas a cabo en Venezuela, el estigma del fraude sigue persiguiendo a Nicolás Maduro, quien lanza amenazas sin sentido a cualquiera que ose dar audiencia a la oposición democrática. William Dávila, diputado del opositor partido Acción Democrática, visita el Perú para recordarnos cómo todo lo que vivimos a fines de los noventa lo sufre ahora su patria.

Correo: Usted pertenece a uno de los partidos tradicionales de Venezuela. ¿Qué tiene que decirles a quienes acusan a Acción Democrática (AD) y al COPEI de haber parido al chavismo?

William Dávila: Los fundadores de AD pertenecieron a la generación de la resistencia. Lucharon contra las dictaduras del siglo XX (Gómez, Medina Angarita y Pérez Jiménez). Las generaciones posteriores, que no conocieron esas épocas aciagas, creyeron que los problemas de la democracia no se podían resolver dentro del sistema. Siempre se pensó que eso solo lo podía resolver la cachucha (kepí militar). La gente estaba a la espera de un Robin Hood. A eso se sumó la desvinculación de los partidos de sus bases. Chávez fue producto de la infiltración del comunismo en las Fuerzas Armadas, luego de la derrota de las guerrillas comunistas de los sesenta como del fracasado intento de invasión cubana en Machurucuto (1967). Chávez se aprovechó del antipartidismo.

C: ¿Y por qué no fueron capaces de detenerlo antes de que cambiara la Constitución?

WD: Porque a pesar de tener la mayoría en el Congreso, la Corte Suprema de Justicia avaló el decreto de Chávez para realizar una consulta con respecto al cambio constitucional. Era un procedimiento extraconstitucional. Fue el primer error, por miedo a un estallido popular. Luego vinieron las elecciones para “relegitimar el poder” en julio del 2000. Allí se hicieron del control total de todos los cargos políticos. Fue el descabezamiento institucional de la democracia y la primera vez que se utiliza el fraude como una fuente de legitimidad del poder.

C: ¿Y los venezolanos nunca se dieron cuenta de esto o no les importaba?

WD: El momento clave fue el 11 de abril del 2002. El pueblo salió a las calles y rodeó el Palacio de Miraflores, y en la noche Chávez renuncia. Los días siguientes se arma un golpe de Estado y defenestran a Carmona. Esa es una verdad que nunca la han querido reconocer.

C: Y desde entonces nunca más pudieron derrotar al chavismo.

WD: Hasta el pasado 14 de abril.

C: Eso si creemos en la teoría del fraude, pero la auditoría hasta ahora no arroja nada.

WD: Primer elemento, la inconsistencia numérica. Más votos que electores en algunos centros de votación. Segundo, votación de muertos. Tercero, 8300 mesas de votación donde no hubo testigos de la oposición coaccionados por paramilitares del Gobierno, y en muchos de ellos Maduro sacó una ventaja mayor que Chávez seis meses antes. Ahora bien, lo que hemos pedido revisar (auditar) es el cuaderno de votación, donde se estampa el nombre y huella de los electores. No es una auditoría del software. La auditoría actual es “chimba”. La máquina de votación emite una boleta que se introduce en una urna. Ahorita están verificando solamente que el número de boletas coincida con el de votantes. Eso obviamente va a coincidir y no nos dice nada. Lo que queremos es verificar si hay huellas digitales de muertos. Le doy un dato más. A pesar de que la Unasur no envió observadores sino “acompañantes”, en una mesa de votación uno de ellos rozó por casualidad una de las máquinas y esta lo habilitó a votar. Es decir que cualquiera podía votar en esa mesa. Se hizo un informe, pero después no lo quisieron ratificar.

C: Pero el tiempo pasa y la protesta pierde fuerza. ¿De qué sirven estos viajes de Capriles?

WD: Porque hay un acuerdo de Unasur que hacer respetar. Recuerda que el domingo 14 la noche estaba caliente y Maduro prometió auditoría para calmar a la población. Luego, el martes 16, Capriles convoca a presionar por que se diera la auditoría y es cuando se producen las muertes en las calles. A mí me agreden en la Asamblea Nacional y se suspende a la oposición el derecho de palabra si no reconocíamos la “victoria” de Maduro. Pero no es solo que el proceso electoral esté bajo impugnación. Además, existe una situación social que exige ya una respuesta política. Lo que busca el Gobierno es llegar con vida a las elecciones municipales de fin de año porque sabe que si participamos en ella, caemos en una contradicción al no reconocerle legitimidad al Consejo Electoral, y si nos abstenemos, terminan de copar el poder.

C: ¿Chávez escogió a un mediocre para sucederlo para así aumentar su imagen histórica?

WD: Yo no lo subestimo. Maduro es un hombre de cuadro. Él se formó en Cuba y forma parte de la Liga Socialista, un grupo anárquico y fundamentalista que admira a regímenes como Pol Pot o Corea del Norte. Ellos piensan que el hecho de que no exista papel higiénico no es un problema serio sino un simple perjuicio pequeñoburgués y que tenemos que recurrir a las fuentes naturales de las civilizaciones primigenias. Una persona con ese pensamiento no está preparada mentalmente para asumir los problemas económicos que dejó Chávez, y es por eso que la situación se le está yendo de las manos.

C: ¿Existe una división interna en el chavismo?

WD: Hay una descomposición moral del régimen. Diosdado Cabello está conspirando contra Maduro. Él quiere replantear el militarismo al interior de la Asamblea Nacional, porque comienza a sentirse desplazado del poder. Pero el principal problema que tenemos no es el divisionismo al interior del chavismo sino en las Fuerzas Armadas. En ellas pueden distinguirse hasta cuatro grupos. Uno institucionalista, otro de chavistas sinceros, otro vinculado con el castrismo y por último los involucrados con el narcotráfico. Estos dos últimos están unidos, los otros dos están a la expectativa. Mi temor es que esto derive en un conflicto social armado duro y profundo. Por eso es necesario que los gobiernos sudamericanos exijan a Venezuela respetar la Carta democrática americana. Ya hubo un pronunciamiento de Paraguay y otro del Parlamento Andino.

C: ¿Habrá un desenlace este año?

WD: Es impredecible. Un pueblo que tiene que hacer largas colas para comprar un paquete de azúcar o de harina-pan (para las arepas), y encima que te estampen un sello en el brazo. Eso atenta contra la dignidad del ser humano. Lo que pasa es que Maduro no se ha dado cuenta de que ya no representa a la mayoría. Esta idea de formar milicias de obreros es una señal de que están preparándose para generar represión. La oposición, entendiendo esa realidad, está efectuando este despliegue internacional, y es que en realidad ya no somos oposición. Nosotros ya somos una alternativa de poder que va a ser gobierno y va a detener este modelo Castro-comunista que se quiere exportar al resto de América Latina.

Entrevista publicada en www.diariocorreo.pe