El Secretario General de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, sostiene que el gobierno de Maduro es tan malo que ni los altos precios del petróleo han evitado las dimensiones del desastre que padece Venezuela. Y lo peor es que no está clara la cura para la enfermedad colectiva que sostiene este Gobierno.

Al retomar mi habitual columna quincenal en este diario que también padece la asfixia por la falta de papel, comienzo discrepando de la opinión de Rafael Poleo que siempre afirma, con los conocimientos históricos indiscutibles que todos le reconocemos, que en Venezuela no hay buenos ni malos gobiernos sino buenos o malos precios del petróleo.

Lo desmiente este pésimo gobierno que ha tenido sin interrupción durante los catorce años del “gigante” y estos meses de Maduro los mejores precios, los fabulosos precios, los inimaginables precios que gobierno alguno hubiese siquiera soñado desde que el petróleo apareció en este país.

¿Y dónde ha ido a parar la boloña de 995 mil millones de dólares, cifra descomunal de que ha dispuesto este régimen, sin incluir aquí las enormes cantidades que han ingresado por el endeudamiento externo e interno más el torrente proveniente de los impuestos que pagamos los venezolanos? Pues a un inmenso barranco donde forman un amasijo la ineptitud, el mesianismo, fundamentalismos ideológicos absurdos, ineficiencias de todo orden, corrupción, alimentos podridos, regalos a los compinches políticos del exterior, persecuciones y asfixias a todo lo que se presupone enemigo u hostil, hiperburocratismo, confiscaciones, despilfarros improductivos, inflación, desabastecimiento, cementerio de obras inconclusas o abandonadas, carestía y cualquier cosa negativa que a la imaginación se le ocurra.

Llega uno a la conclusión de que ni siquiera planificando adrede un desastre como el que padece Venezuela se hubiese logrado un objetivo de tales dimensiones de manera tan perfecta.

Siempre he afirmado que los pueblos no saben de teorías económicas, pero las sienten en el estómago. Por encima de las discusiones preciosistas de los especialistas y de atribuir responsabilidades, más o menos etéreas, a las que recurre para exculparse un régimen que ha dispuesto de todo, sin contrapesos importantes (constitución, leyes habilitantes, dinero a montones, todos los poderes públicos, fuerzas armadas y hasta inmerecido respaldo popular), ya nadie se traga que sean la IV República, la MUD, la derecha, la burguesía, la plutocracia, los medios de comunicación, el imperialismo yanqui y los conspiradores en acecho los responsables de este desastre.

Acostumbrados como estamos a que el gobierno haga lo que dice que no va hacer y a que no haga lo que dice que sí hará, sabíamos que este nuevo paquetazo vendría. Sólo remuevo nuestra frágil memoria colectiva para recordar que desde hace rato vienen “paqueteándonos” de a poco, casi al calco de lo que dice el odiado FMI que debe hacerse en situaciones como ésta.

Póngale el gobierno los calificativos que quiera, las medidas que el ministro Ramírez anunció al país el pasado miércoles 22, constituyen una nueva admisión del fracaso continuado de las políticas de este gobierno, una nueva devaluación que sumada a las más recientes monta al 400% (habría que calcular la acumulada en estos 14 años y medio), un dólar paralelo que existe por mucho que el gobierno niegue, que debe andar 15 veces por encima del cambio oficial preferencial y al que debe recurrir la inmensa mayoría de los importadores que no tienen acceso a las prometidas divisas oficiales, en un país que compra en el extranjero no menos del 70% de lo que consume, incluyendo alimentos, medicinas, papel tualé y papel periódico, repuestos, bienes de capital e Insumos de toda clase.

Cualquiera podría preguntar: Siendo tan patética la situación nacional y de tal entidad los padecimientos del pueblo, ¿por qué el régimen sigue ganando elecciones y mantiene su popularidad en altas cotas eventualmente en ascenso? ¿Por qué quienes nos oponemos a esto no subimos en las preferencias populares y eventualmente descendemos? ¿Será que somos un pueblo masoquista, o peor, como dice el despectivo discurso plutocrático, un país de sinvergüenzas y vividores sobornable con limosnas? ¿Será, como afirman los guerreros del teclado, los managers de tribuna, los opinadores sabihondos y demás perdonavidas, que la oposición es una birria? ¿Se tratará de una mezcla de todo esto?

A estas alturas debo admitir con desparpajada sinceridad que siendo evidentes los síntomas de la enfermedad colectiva, no tenemos claro el diagnóstico y todavía menos la terapia. Y para ser justos, habría que examinar simultáneamente no sólo al enfermo y la enfermedad sino también a quien aspira curarlo.

@hramosallup